El teatro es curativo, siempre lo he dicho, pero en esta ocasión he aprendido que consigue que hagas de tripas corazón, pero poco más, no cura. No cura, solo aplaca.
Dos pases realicé en el Cementerio Inglés. Como siempre, de cover de Miguel, que es el oficial, y haciendo, los 2 personajes habituales, el divertido y entrañable fundador del cementerio y el atormentado y triste capitán de barco.Siempre se ha hablado de que el actor debe actuar, sea cual sea, en ese momento, su condición personal. Yo esa experiencia ya la he vivido y la he comentado aquí muchas veces: Estaba preocupado por tal, estaba triste por cual, me dolía tal, pero yo he actuado y se me ha olvidado y he podido.
Pero esta vez si era algo realmente importante y desagradable lo que estaba pasando en mi vida, en mi corazón y en mi alma, como para ponerme a actuar.
Y si pasar de mi mal sentir, a ser un tío divertido, pensaba que me iba a costar, temía y mucho hacer de un personaje triste y hundido, porque no sabía si lo tiraría por lo personal y me vendría abajo.
Pero llegó el momento en el que Maki, una chica que se estrenaba esa tarde, estaba acabando su monólogo y llegaba mi aparición.Pues salí y lo hice, e improvisé, no se me olvidó nada, mi cuerpo, mi energía, mi buen rollo, mi elocuencia, fue la de siempre, y el público se quedó encantado.
Es más, tuve, como dije antes qué improvisar, pues la chica nueva, salió antes de tiempo y me cortó mi monólogo, yo lo incorporé y luego, pues cuando ella se fue, retomé. No lo hice por lucirme y acabar el texto, sino por el tiempo, porque nos iban a faltar unos minutejos.
Pero ahí me di cuenta de que puedes actuar, das el cuerpo, el texto, la expresión, pero realmente estas en otro lado. De verdad, mi corazón, veía, sentía y estaba con esa persona que lo estaba pasando mal, la sentía en cada palabra y eso jamás lo había vivido. Estar a la vez en 2 lugares.
El personaje del capitán, en el primer pase, como dije antes, lo recogí con mucho miedo, por si me afectaba personalmente. Lo hice, lo di todo, no me faltó nada, pero no me metí, lo dejé pasar por mí en puntillas, para que no me afectara NADA.Y empezó el segundo pase.
El primero lo tomé como el reto del actor que actúa pase lo que pase, además era de día y aunque hacía un frío horroroso, el ambiente era como primaveral y estaba un poco arriba.
Pero el segundo, lo inicié con un golpe al darme de bruces con la realidad, tras una conversación, telefónica con personas cercanas que le informaban de cosas y salí sin fuerzas.
Hablé, hice el personaje y todo pero me costó y mucho, me dolía como el estómago. Tenía muchas ganas de acabar para volver a mi vida y por otra ninguna, porque no quería. Uffff fue raro, muy raro.
Y en el capitán, me dejé llevar, no lo metí mucho, pero noté que en algunas partes, sobre todo las de su desesperación y su falta de entendimiento fue real, noté que solté parte de mi oscuridad y la adrenalina se fue bajando pues comenzó la sensación de desamparo y desubicación.
Crónicas de la Visita teatralizada al cementerio inglés. Málaga, sábado 20 de diciembre de 2025.









































