De nuevo entre comillas y en cursiva porque ambas crónicas están escritas justos al acabar los pases, parece una entrada larga, pero no lo es. Son un efecto óptico por las fotos.
1. Estreno solo para mí:
"Primer pase de "El convidado de piedra" ya ha acabado y muy bien.
Pero no un muy bien de corazón, del alma, sino un muy bien de que ha ido bien.
No es nada profesional lo que voy a decir, pero cuando hablo de muy bien hablo de mí, solamente de mí, no puedo hablar ni de los compañeros, ni de cómo ha ido la obra, ni de nada, porque yo he estado en escena casi todo el rato, pero como no estaba tan seguro como debía, mi cabeza estaba en lo mío, en mi texto, mis pies, los pies de los otros e intentar interpretar lo máximo posible.
No he podido estar lo suficientemente relajado, para disfrutar de mi alrededor y la culpa es mía y solo mía por aprenderme el texto tan tarde.
Por ejemplo para empezar algunas palabras he cambiado "s" por "z", "c" por "s" y todas las combinaciones posible, una de ellas ha sido "zangre".Resultado de falta de control. Ya no me duele tanto hacerlo porque sé que es una prueba que tengo más que superada pero ya digo simboliza la falta de control.Otras veces me he quedado callado, silencio, no sabía si me tocaba o no. Pero no se ha notado ha sido sutil.
Nada alarmante, la inseguridad típica de un estreno de una obra larga y más con pocos ensayos provechosos, repito por mi culpa y por no aprenderme el texto hasta el final.
A veces me he notado excesivo de energía y en vez de hacerlo según lo planeado, he estado más arriba. Eso está bien, pero hay que controlar porque ir muy por arriba tampoco es bueno.Más que con los otros personajes, busqué unión con el público, pero no sé si lo ha habido.
A veces, sobre todo cuando estaba en escena sin hablar, me daba el miedo del año pasado de olvidarme y querer parar o pensaba que era un ensayo o en otras cosas. Eso es muy peligroso pero pronto paraba y centraba la cabeza.
De pronto en mitad de la pieza el cielo se llenó de fuegos artificiales pero muy bien, mi compi y yo lo hemos sabido ignorar. Pese a todo lo que digo me he sentido bien, pero a veces no se si era muy teatral, poco irreal.
Debía dejar el personaje fluir pero como no lo tenía todo bajo control, lo retenía, no le soltaba las riendas porque podría perderse, entonces había emociones reales y otras fingidas. Por un lado don Juan quería cabalgar y por otro Lolo quería vigilar.
Eso sí, no sé la razón pero las tablas del escenario estaban mojadas y al arrodillarme se me han manchado las medias, ha estado 3 escenas con dos círculos negros en las rodillas. Además de que se me ha abierto el jubón al final de la pieza mostrando la barriguilla. Pese a todo ha habido buena relación y complicidad con Camacho, mi criado. En un momento me iba a comer un texto de él y al empezar a hablar, él me ha parado con el brazo para que no siguiera.
Bien, ya digo bien pero muy marcado y poco vivo".
2. La magia del teatro brilló:
"Lo del segundo pase ha sido muy fuerte. Ha sido vivir y disfrutar.
No me di cuenta que tenía que salir. Estaba a lo mío, esperando y de pronto fue un :" Eh que nos toca" y salí sin pensar, ni calentar, sin preparar sin nada. Esperando y de pronto a actuar.
Fue subirnos Chema y yo al escenario y se hizo la magia. Aquello fue real, fue fluido. Qué bonita la conexión con Chema, diversión, ganas, relación, gestos. Lolo se fue, desapareció el inquisidor y dejo a Don Juan vivir sin miedos. Después en la segunda, muy bien también, mucha tranquilidad, mucho estar en lo que pasaba, en el momento. Además el camino desde el lugar de espera al escenario lo hacía siempre interpretando y las salidas igual y eso me calentaba para subir a escena ya dispuesto a todo. En esta hubo mucho juego con mi padre, silencios pero esta vez buscados, gestualidad y conexión con Camacho.
Y en la tercera todo ha sido ya rodado. Esta era larga y daba más miedito, pero en esta ocasión el miedo no existía. Era mi personaje con sus circunstancias, su situación. Estábamos solos los personajes y yo. Ha existido la cuarta pared, porque para mí no había público, no había gente no había nada, solo don Juan y lo que le estaba ocurriendo en ese momento. Qué bonito, qué precioso.
Con Camacho, Chema, mi criado, ha habido de todo, palos, risas, empujones, abrazos, compañerismo, miradas de superioridad, miradas de amigos, de colegas, conexión. ¡¡ Todo!!. Yo me he dejado llevar en mis reacciones y él no sólo las ha aceptado, sino que ha reaccionado, con él es que me lo he pasado bien.
Con el comendador ha sido maravilloso, Miguel, su intento de superioridad ante mí, y yo reírme de él, su duelo de miradas, para luego caer a sus pies y sentir su dominio. Con Eli era complicado, porque lo hace tan bien, pero tan bien, que me saca, porque es oírle decir el verso y no estar en la actuación, sino sentirme un espectador privilegiado que la oye a menos de 15 cms. Pero esta vez me he hecho el duro y he podido jugar y reflejar mi mentira en relación a todo lo que le decía.
Raúl precioso, precioso, precioso. Un genio, una testosterona juvenil, para un caballero dolido y galán que le venían de lujo. Le daba una presencia, ufff. Una vez más digo que fue una lástima aprender el texto tan tarde, pues todo esto podría haber florecido más. Este me ayudaba mucho a sentirme más masculino, más hombre, más joven. Con Luci ha quedado, al menos desde mi punto de vista, precioso, pues era una chulería hacía ella que rozaba la misógina, cosa muy típica de don Juan.
Es que era todo real. Era reaccionar a todo y me pareció un sueño, un hacerlo para nosotros.
Ha habido más movimientos, más intenciones, más vida, más todo.El final ya sido una apoteosis, muy real. La superioridad y falta de piedad de Miguel a mí personaje me ha emocionado.
El corazón me iba a mil.
Durante el saludo, el aplauso ha sonado mágico, ha sonado a esta es mi vida y esto es lo que quiero, amo y me motiva.
El vestuario perfecto todo perfecto. No sé ni cómo pero esta vez el suelo estaba seco y ni las medias me he manchado ( por cierto entre pase y pase me las limpie y me las puse al revés)".
Crónica de El convidado de piedra. Málaga, sábado 2 de noviembre de 2024.