domingo, 3 de julio de 2016

YA NOS VAMOS, RAFAEL ME ESPERA.


 
Son las 19 : 07 horas ya voy en el autobús, primera prueba superada. Pero...lo que más he temido  en estos días es el tema de llegar sudado al trabajo, porque me da mucha angustia estar así, pues bien así es como voy a llegar a la Finca de la Concepción, recién duchado pero... sudado.

Qué casua-
lidad, la siguiente parada que está anun-
ciando el autobús se llama, Fer-
nando Loring, re-
pito, que casualidad, Quiero llegar a la finca a la y media, tal y como Rebeca me ha aconsejado.

La cuestión, es que he salido de casa cargado como un burro y llegando al puente he visto venir al bus y he tenido que echar a correr como un descosido.

Menos mal que había una rubia en la parada, una desco-
nocida, que  le ha dicho al conductor que parara el bus, he corrido y antes de subir al bus la rubia me ha dicho: " Lolo hola", muy sorprendida, dicha rubia era la hermana de Joruga, Desi, apenas he podido hablar con ella pero me ha hecho mucha ilusión verla.

Pagué el autobús, subí corriendo, solté las cosas y... ¡oh, oh, oh! acabo de descubrir que al lado de mi casa hay una parada  del bus que me lleva al Botanico.  Me hubiera ahorrado correr.

Ahora solo me queda ponerme la música y relajar hasta llegar.

Pero el bus llegó demasiado pronto no me dio tiempo ni a oír música ni a relajarme. Me bajé y aunque  el camino, a pie, hasta la finca es corto. Cargado con la mochila, el porta trajes, oyendo a Diana Navarro en el mp3, llevando mil y una conversación de Whatsapp con una sola mano y sin un poquito, pero ni un pelín de sombra en todo el camino, se me hizo de todo menos corto.

La verdad, que he de confesar que muy agradable no fue. Llegué puntual como un reloj, pero eso si los chorreones de sudor me caían por la frente abajo y el porta trajes, con el traje perfectamente planchado, cada vez  lo llevaba peor colocado, con el consecuente dolor de cuello que me provocada ir cargado con la perchita del porta trajes y su peso.

Vamos una alegría, pero a las 19; 30 horas estaba en la puerta de la Finca, pero si queréis saber por qué llegué más de diez minutos tardes al lugar donde me esperaban, ya sabéis a leer la siguiente entrada.



sábado, 2 de julio de 2016

PREPARANDO A RAFAEL, YA QUEDA MENOS.



Aunque la gerente me dijo que llegara a la Finca a las 20:30 horas, puesto que mi actuación no empezaba hasta  pasada las 22:30. Mi jefa artística, compañera y amiga Rebeca, me aconsejó llegar sobre las 19:30 horas, puesto que como era el estreno podría prepararlo todo con más tranquilidad.

Y así lo hice, el jueves 30 de junio del 2016, a las 19:30 en punto, lle-
gué a la Finca de la Concep-
ción. Bueno a la Finca no, a la puerta porque no entré en ella hasta pasados tres minutos. Minutos  que dediqué a forcejear con  una cancela que no había forma humana de abrir. Menos mal que apareció mi compañera Alicia y me abrió la puerta.

Directa-
mente pasé a la casita de los guar-
dias de se-
guridad y guías. Allí pensaba cambiarme en alguno de esos cuartitos cargados de cosas. Después de un inicio de confusión, pregunté y me informaron que el resto de actores se cambiaban  en la casa museo y allí me dirigí.

Y ande, ande y ande y además ande un poquito más. Porque después de las abstractas y muy generalizas indicaciones de mi compañero Dani, (seguido y a la derecha) acabé en un lugar, con una valla amarilla y cordones rojos y blancos de los que pone la policía para prohibir el paso.

No sé si era un pe-
ligro o una indicación para que los visi-
tantes no pasaran pero no tenía yo mi espíritu aventurero ese día, bueno y nunca, muy desarrollado y tampoco me apetecía acabar metido en un boquete, torcerme un pie o acabar en alguno de los lagos tirados, por tanto, cambié de rumbo y acabé en el paseo de las palmeras, o sea, a las afuera de la finca.

La finca es preciosa, pero cuan-
do te pierdes y solo ves plantas y caminos, pues que pierde su encanto. 

Hasta que por fin vi la casa, des-
pués de diez minutos perdido, a lo lejos y en la puerta Samuel, un compañero al cual hasta ahora he llamado Rubén, pues bien, me explicó donde tenía que cambiarme. Y llegué a los baños de la espalda de la casa museo, unos " baños-camerinos" preciosos, limpios, amplios, de mármol, modernos, una maravilla.

Allí me aguarda-
ban Re-
beca, ya peinada y maquillada estaba radiante toda de negro y Juanpe desca-
misado y maquillán-
dose.

Tras el saludo  inicial y ponernos al día sobre organización y burocracia, hice lo propio, me descamisé y me maquillé.

 Único problema, el poyete de los lavabos era muy ancho y para un miope, es un lio maquillarse tan lejos de tu carita, pero al rato descubrí, un espejo que ocupa una pared entera, y que el próximo día será mi gran amigo.

Todo pasó en un plis-plas de tiempo y sin ningún incidente, todo cuadró a la per-  fección, sin nada que destacar, me ma- quillé sin problema, me vestí sin problema, o sea, todo tal cual lo había organizado, no me faltó nada, ni me falló nada.

Fui el primero en vestirme porque como llevaba, za-  patos, ca- misa, cha- leco, pantalón, chaqueta y todo de inverno, quise acostumbrar a mi cuerpo, a la subida de temperatura que le esperaba y no acabar sudando como un pollo.

Ya listo, tuve una charlita en la puerta, allí en ese magnífico jardín con Rebeca, recordando compañeros, tiempo de la ESAD y por supuesto, hablando de futuro. Que niña más noble, siempre me lo pareció.

Luego mientras ellos se vestían, salí a pasear por allí y a calentar el acento, el personaje y a hacerme fotos.

Tras eso  acabé contento,  Rebeca me informó, que debíamos ir a la casa museo a soltar nuestras pertenencias.

 Si queréis saber que paso allí, leer la próxima entrada.

MI ENCUENTRO EN SOLEDAD CON RAFAEL.



Aquí está el Señor Echevarría en su magnífico y preciado paseo de las palmeras, escribiendo con el móvil y sentado en las escaleras de unos baños de minusválidos.

Son las 21:40, hace diez mi-
nutos que empe-
zó el pri-
mero de los tres pases, y según las cuentas que he realizado con mis compa-
ñeros aun me quedan a mí, más de cincuenta minutos para empezar.

Ahora mientras escribo, está subiéndome el pavo y me estoy poniendo nervioso, pero más que nada es por la responsabilidad, de que todo cuadre y que no sea yo, el nuevo, el culpable de desorganizar todo este engranaje cuadrado meticulosamente.  

Temo que alguno del público vea, donde está escondida mi bolsa del Día con mi agua, que venga alguno de los jefes y no le guste o que alguno del publico pille que mi acento vasco es falso y diga: " esto es un quiero y no puedo porque el acento se le va y se le viene.".

Antes de estar aquí he ido a dejar mi mochila y mis pertenencias, junto a Rebeca, a la casa museo, donde nos esperaba Alicia, actriz que representa a Amalia Heredia.

Debo aclarar que no soy vidente, ni brujo, ni hablo con el más allá, ni siento presencias, ni energías, ni nada de nada. Pero al entrar en la casa, ósea, mi casa, la de mi personaje, me ha recorrido una gran emoción. Pensar que allí vivió ese hombre con el que he estado trabajando y codeándome tantos días.

A partir de ahí ha comenzado mi encuentro en soledad, pero no solo, porque iba con Rafael. Me fui a pasear por las estancias de la casa, lo necesitaba.

Me he emo-
cionado, sentía respon-
sabilidad, al verme ya vestido, pensaba: " este hom-
bre ha estado aquí, ha dormido aquí, ha reído, ha sufrido, ha amado y ahora yo lo represento: Me he me-
tido en su casa, en su vida, en su intimi-
dad, sin su permi-
so". Pensé: " ¿Él sentiría como yo? ¿Estaría orgulloso de lo que hago, se enfadaría?". Mirando los muebles y habitaciones, como el patio que he visto mil y una vez en fotos, le dije a él o a quien fuera, que me perdonara, que lo hacía como un homenaje a él y con todo mi cariño, que yo no sabía cómo él era, pero por las fotos se le ve un hombre noble y bonachón y esa va a ser la impresión que yo quiero que el público se lleve de mi personaje, que era un buen tío y que le cojan cariño.

Salí de allí cargado de energía y de fuerza, me despedí de mis amigos, sentados en la puerta del palacio y me fui a mi lugar de actuación, de nuevo solo.

Iba lento, mirando cada planta, cada cascada, cada estanque, aquello es precioso, pero iba de nuevo preguntán-
dome: " ¿Cuándo paseaba  Rafael por aquí, qué pensaría?" Comencé a calentar el personaje, andando como él, jugando a que yo era él, la ropa y el ambiente acompañaba, solo me descolocaba la bolsa del "Día".

El paseo ha sido maravilloso, hasta me parecía verlo venir por esos pasillos copado de plantas, tal  cual lo he visto en las fotos, intentaba imitarlo y sentirme él. El paseo ha sido muy enriquecedor como actor.

Al llegar a mi lugar he hecho un pase, no completo, de calentamiento y luego he estado de charla con mi compañero Daniel.

Bueno acaban de dar las diez, me queda poco, me daré un paseo más, calentaré y a  comérmelos a todos.

No sé cómo será un parto para una mujer, pero para el padre, cuando se quedaban fuera,  me lo estoy imaginando. Poco puede diferenciarse a esto.

Son las diez y media, sigo esperando, no oigo nada, solo el ruido de los pájaros y animales, no viene nadie, no sé  nada, ¿Todo va bien o mal?, no sé, nadie me informa. Tanto tiempo de espera, quiero dar a luz ya, ver la cara de mi niño, o sea, realizar mi Echevarría de una vez, pero no depende de mí, depende de otros y no sé qué pasa.  O sea, la mamá sufre en el paritorio pero el que está fuera cargado de incertidumbre también lo hace, porque no sabe, pues así me siento.

Dejo de escribir vuelvo a pasear. ¡QUIERO EMPEZAR!.




UN HOMBRE, RAFAEL , Y TRES REPRESENTACIONES.


Estoy en la cocina de casa esperando para ensayar, no puedo decir con quien, porque es secreto. En quince minutos llegará.

Bueno pues tengo esa sensación de satisfacción, de ganas de celebrar, pero también de vacío y de autoevaluación y en este último aspecto hay mucho que hacer, pero eso  sí mucho más fácil y ya sin ninguna presión.

Ayer  se produjo, el milagro, el momento en el  que Echevarría se encontró con el público.

Tal como estaba previsto el 30 de junio del 2016, jueves,  abrió  las puertas de su casa, la Finca de la Concepción y dejó entrar a su " paraíso particular" tal y como él lo denomina a  todo aquel que lo había solicitado.

Siento satisfacción porque todo salió bien o muy bien, el púbico se fue contento y muy feliz de haber conocido al Sr. Rafael Echevarría, que en todo momento tuvo al publico despierto y entretenido, con lo cual tal y como "prometí" al Sr. Echevarría, el público se fue con la idea de que era un "buen tipo".

También siento vacio, porque ha sido como dejarlo todo ahí, como tantos desvelos, sueños y anhelos se han desbordado y entregado en una noche y ahora ¿Qué queda?, quedan muchos pases más, pero esa sensación de vacío tras un trabajo realizado es muy rara, a veces dura y otras con consecuencias no muy bonitas.

 Y por ultimo hay que trabajar, estoy contento hasta podría decir que satisfecho pero no hay que quitarse de la cabeza que ayer fue un "estreno". Ayer estuvo muy bien, pero aún hay mucho más que crear, que matizar, que organizar y tal y como me dijo mi jefa, Rebeca, ya lo he hecho. Ahora  puedo darle forma y creo que la forma va a ser preciosa. Por ello queda trabajo, pero mucho más relajado y disfrutado que todo lo anterior. Eso sí ayer fue bien, muy bien, pero espero que vaya mucho mejor, es más me da pena del publico de ayer porque no vio al verdadero Rafael Echevarría que se va a ver en próximos pases.

Tres pases hicimos ayer, uno con casi cuarenta personas, el otro similar y el último, el menos cargado, unos diecisietes.

Voy a hacer un breve,  brevísimo resumen de ellos.

1.- MUCHO RUIDO Y POCOS MINUTOS: Esa fue mi sensación pero tal cual, cuando venía de vuelta del pase a mi situación   de partida, pensé: " Lolo ¿por qué has gritado tanto?, relaja". No creo que fuera gritón, o sea gruñón, pero si le metí tanta fuerza al acento vasco y tenía tanta prisa por coordinar bien los tiempos, que era lo que más temía, que fui un poco gritado y acelerado. No sé si el publico lo notó, pero yo sí.
Eso si debo decir que el publico fue  encantador, iban unas niñas maravillosas. Una de ellas pasó toda la función agarrada  a  mi brazo. Le había pedido a su papa para su cumple dicho regalo. En uno de los traslados le cantamos entre todos " cumpleaños feliz". La niña era un primor y durante todo el trayecto me hacía preguntas sobre mi personaje y hasta las gracias y la enhorabuena me dio.
 Aunque los dos primeros monólogos fueron  muy bien, en el mirador me lié un poco y de nuevo metí mucha prisa a los espectadores. El ultimo, ya digo, tanto correr  que lo noté sucio.

2.- POR LOS PELOS, PERO A  POR ELLOS: Acabado el primer pase, bebí un poco de agua y volví a mi posición inicial,  a la cual llegué por los pelos, porque fue llegar y oír la voz de mi compañero, Juanpe, que ya estaba encaminando al grupo a mi lugar. Llegué por los pelos, pero mucho más relajado. Me dije que había que pasarlo bien y eso hicimos.
 Di mucha más lentitud a mis textos, mucho más sentido, jugué mucho más con el público,  los miré más a los ojos, hice los textos más comprensibles y mucho más matizados. Justifiqué con mi fatiga y cansancio el que me sentara a mitad del camino. Para evitar tanta información fui hablando del mirador y jugando con el grupo durante todo el trayecto y sobre todo jugué. Jugué con los espectadores, no hay nada  que guste más, a los espectadores, que hacerlos participes y protagonistas, junto a ti, durante un espacio del show.
Recuerdo la señora del norte que al despedirme de ella, le pedí disculpa por el acento pero me felicitó, me dijo que ella  hablaba así, las bromas con su marido, la señora que me pidió subir al mirador en coches de caballo, la otra que quería venirse a mi palacio con mi mujer y yo irme con su marido a su casa, la otra señora " pija" que vino conmigo agarrada del brazo etc. Empecé a jugar con la gente en el mirador y sobre todo a improvisar mucho, de forma rápida y divertida. Me sorprendió mi creatividad.

3.- AHORA EL TIEMPO LO CONTROLO YO:  Esta vez llegué, tras despedir al grupo anterior, muy bien de tiempo, pero el tercero se retrasó tanto, pero tanto, que pensé que se habían perdido.

Era el último, ahora no tenía prisa porque viniera otro grupo y aunque fue el grupo menos animado. Si disfruté mucho más el texto, el personaje, su impronta corporal fue mucho más acertada, en la anterior un señor me confundió con un anciano. De nuevo fui jugando con una señora, sobre lo romántico que era el mirador o no lo era, sobre las temperaturas que hace en Málaga durante el verano o de mis ocho apellidos vascos, siempre haciendo que el público acabara con una sonrisa. Mucho más organizado estuvo la visita al mirador, pero debo de darle más alegría hacerle algo más. La despedida fue mucho más limpia y acabó con un aplauso del público, pero también debo de darle más. Todo eso es el trabajo pendiente. Pero este viaje lo disfruté mucho porque estaba muy tranquilo sin la presión del tiempo.
Recuerdo las chicas que se sorprendieron cuando les dije que si con su edad, 12 y 16, aun estudiaban si no estaban trabajando o casadas, a lo cual, preguntaron a sus padres si eso era verdad. Gustó mucho la curiosidad del asiento de los enamorados... etc.

Del último pase acabé muy contento, pero pensando: "Buen ensayo general con público, ahora a pensar,
organizar y el próximo jueves a triunfar de verdad y salir por la puerta grande, menos gritos, menos prisas y mucha más limpieza". Ya os iré contando.

Al acabar me ande toda la finca a oscuras, hasta que llegué abajo a donde estaba Rebeca, me cambié y para casita con mis dos grandes compis, Rebeca y Juanpe.

 ¿Iba contento? si ¿Satisfecho? también, pero no al cien por cien, sino con la cautela de, buen trabajo, pero muy mejorable.