sábado, 21 de febrero de 2026

MUCHO RUIDO NO ES FELICIDAD. PRINCIPIO Y FIN.



A ver, sé que no es bueno generalizar y eso de que los andaluces tenemos gracia porque la tenemos y los gaditanos más, no debe ser una norma, porque seguro que hay gaditanos lacios de narices, pero que una muchacha de Cadiz, con un arte para morirse, porque lo tenía, te diga repetidas veces a lo largo de la noche y salga del salón Hispalis del Hotel Giralda Center  tras La cena de las emociones, diciéndote :" Tienes que montar un romancero y venirte para Cádiz, tú sirve para romanceros porque tienes mucho arte". 
 
Yo no sé lo que es un romancero, pero si eso  lo pide una gaditana y para el carnaval , debe ser que, oye, a uno se le da " medianamente bien" la comedia y la improvisación o como a mí me gusta decirlo; el descaro y la poca vergüenza.

Con ese parrafo podría resumir La cena de las emociones más correcta o con menos emociones, o quizas más contenidas, de los 8 años que llevo haciéndola. Qué serios y educados eran y sobre todo ¡¡ Qué silenciosos!!. 

Ya en la introducción, del principio, donde Victor se presenta, me costó despertarlos, y que reaccionarán. 

Sevilla siempre la disfruto al máximo, porque, no me suponen ningún esfuerzo. Salgo tiro un pequeño anzuelo, lo agarran con fuerza y ya desde ahí solo es dejarse llevar por las bromas, el cachondeo y la total interactuación. Más  que un servidor, son ellos los que dirigen esa introducción y yo me adapto, pero esta vez no fue así, por ejemplo, mis temas favoritos, que siempre salen a relucir cuando visitamos Sevilla, como son la feria, la Semana Santa,  más ahora en cuaresma, y El Rocío, no se tocaron, no me dieron pie a ello y cuando lo intenté meter me  cortaron el tema pronto. 

Tampoco conseguí que se me arrancaran a cantar o bailar por sevillanas, cosa que he conseguido siempre, lo intenté pero nada.  

Como cantaba Rebeca, chiste para ancianos como yo, eran Duros de pelar. Pero bueno hablo desde mi punto de vista, esta es mi impresión, porque ha habido cenas donde lo han dado todo y luego quizás la retroalimentación ha estado llena de matices o consejos y  en cambio aquí acabó la cena y no se iban. Nos hicieron como un pasillo y cuando me movía por él, para marcharme, recibía abrazos y felicitaciones. 

No acabaron, como en otras ciudades, y empezaron a moverse buscando sus bolsos y abrigos, para marcharse, no, se quedaron a felicitarnos, pedir abrazos y  besos, los cuales  noté sinceros, así que, aunque fueron muy serios, sino se fueron sería porque estaban a gusto, ¿no? Y si querían saludar, sería porque les gustó, ¿no? Como el hombre de casi 2 metros que dijo que había disfrutado como un enano. 

En resumen que mucho ruido no define la felicidad. 


Sevilla, sábado 21 de febrero de 2026.








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