Qué llovió, que sí que llovió, lo juro, que sí, que por segundo día consecutivo volvía a llover al empezar una visita en la que participo. Fue poco, fue al principio, yo no saqué el paraguas ni nada pero sí, llovió, volvió a llover.
Pero ya digo esta vez ni corría como en Jorge, ni me ponía chorreando como en George, ni iba a ir con la cabeza en otra parte pensado si podría mojarme más o qué haría con la gente como Francisc la última vez. Esta vez en el bolsillo trasero del pantalón llevaba mi paraguas y en cuanto apretara, lo sacaba y que cada cual hiciera lo que quisiera.Estaba un pelín nublado, pero mucho menos que por la mañana o el día anterior y de pronto mientras estaba junto a la estatua de Herrera Oria, se nubló en cuestión de segundos y empezó a llover.
Yo estaba junto al público, controlando las llegadas y veo que todos se empiezan a reunir alrededor del gran árbol que hay junto a la estatua, no entiendo qué pasa, debido a mí sombrero, hasta que vuelvo a comprobar que está lloviendo.
Yo pensé:" No llueve mucho, con el sombrero no lo noto, quedan unos 5 o 6 minutos para empezar, así que no voy a ser muy dramático pero a las 19 en punto como esté lloviendo, saco mi paraguas y que salga el sol por Antequera".
Pues reitero, que sí que volvió a llover, pero esta vez fue solo un amago, solo hizo una aparición estelar, porque al poco tiempo escampó y no solo no llovió más, sino que las calles se secaron completamente y el cielo estaba raso y celeste.
Eso me dio una seguridad aplastante, por fin podía llevar la postura corporal de Francis, recto y estirado, además llamadme egocentrico, pero cada vez que pasaba por un escaparate, ventana, cristal o espejo me miraba puesto que me gustaba mi presencia así tan negra y algo espigailla. Me pega ese look y ese perfil de mala pipa.Me recuerdo, paseando por calle Larios o por la plaza del Obispo o por el Cister. Vendedores, familias, turistas, personas haciendo su trabajo, la vida diaria de la ciudad y yo paseando con el personaje, como si tal cosa, metido absolutamente.
Esta vez tampoco tenía problemas con la garganta.
Lo peligrosa y mala, malísima amiga que es la cabeza. Hasta que llegué a la tercera parada e hice un trozo no recuperé la total seguridad a nivel vocal, porque la vez anterior, fue ahí donde mi garganta se resintió en exceso.
Esta vez, fui muy bien, pero también es cierto que tenía un mayor control de la misma y la apoyé y controlé más.
El grupo había interactuado mucho durante el tiempo de espera, no una cosa extraordinaria, pero sí mucho más de lo que suelen hacerlo, y habían entendido muy bien, la frialdad, la apatía y la falta de empatía de Francisc, es más no solo la respetaban sino que además la festejaban.
Por tanto, cuando empezó e hice mi presentación, noté interés, ganas y deseo de ver a Francisc en acción.La segunda parada era la más larga y donde la otra vez la voz falló, pero esta vez nada, todo perfecto. En esta ocasión ¿ Quién era el dueño de la visita, el jefe del texto, el patrón de los tiempos y la situación? Pues yo y solo yo y llevé el texto a mí antojo. Mi voz sonó de maravilla.
Quieto e hiperterrito como me decía el director o moviéndome y mirando a los ojos, provocando el miedo, el estupor, la incomodidad en el espectador....
Lo hice y lo aproveché en cada segundo y creo que el público también y eso que el sitio no era el habitual y nos fuimos a un rinconcito, menos vistoso pero más íntimo.
El camino entre la segunda y tercera parada se me hizo lento y engorroso por los turistas y el miedo a perder o separarme del grupo.
La otra parada fue muy bien, quizás ahí los percibí como poco receptivos y en el monólogo de mi compañero no los oí reír mucho pero cuando los miré la sonrisa estaba en la cara de todos al igual que la risa, lo que ocurre que no eran ruidosos.
La escena con mi compañera Marina, después de no vivirla la última vez pues la hice a media voz y pendiente a todo, esta volví a pasarlo bomba, es más disfruté yo la escena y el momento de ver a la gran Marina actuar.De nuevo estamos en otro lugar, y ahí el texto estuvo bien, pero temí que mi compañero no entrara a tiempo, pues no lo veía, pero hizo una entrada magistral.
Y de ahí a la parte más tensa, donde de nuevo se volvió a vivir esa sensación angustiosa sobre todo con una chica que me miraba muy pero que muy muy mal. Me molaba.
Llegó el final y el monólogo de despedida, muy coloquial, muy reaccionado y muy de colegas
Aplausos y a casa. Se acaba la saga, los 3 hombres y la lluvia, pero estaba satisfecho porque esta vez sí disfruté de cada palabra.
Los 90 minutos se me hicieron cortos, pero me sorprendió mucho que esta vez el elenco no era el de siempre, yo hice el texto más a mi ritmo, andamos más despacio, pero es curioso como algo tan vivo e imprevisto como una visita teatralizada cumple siempre los tiempos, sin forzarlo, tan a la perfección.
A menos 20, entramos en plaza del Obispo, a en punto catedral, es pasar por calle Cañón y oír la en punto en las campanas de la catedral y por último al ir al punto final quedan 10 minutos justos. Eso me llamó mucho la atención.
Y como os gustan los vídeos os dejo 2. El primero es de la visita anterior no es de esta. No os miento y el segundo video es la conclusión de la jornada antes de llegar a casa.
Málaga, sábado 9 de mayo de 2026.




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