viernes, 12 de junio de 2026

ME ESPERARON, ESPERÉ, ME FUI.

 

El plan era perfecto, cojo el metro a tal hora, llego al cumpleaños del nieto de mi amiga Anai a tal otra, estoy en el cumple hasta la hora tal, vuelvo a coger el metro, me bajo en atarazanas y en 5 minutos en el callejón, a esperar que empiece el pase de Leyendas y misterios. 

Que mal me salió, ese plan lo tenía organizado en mi cabeza y sonaba fantastico, pero cuando lo puse en práctica todo salió fatal. 

Me quedé un poco más por fatiga, cuando entré en el metro, quedaban 12 minutos para llegar el siguiente, yo no sabía que tardaban tanto, luego mi línea no llegaba hasta Atarazanas, tenía que bajarme y coger otro, pero con los nervios no entendí la indicación y pillé uno que iba para calle la Unión y quedaban como 6 minutos para encontrarme con el público, me bajé en dicha calle y corrí literalmente desde allí a la estación de autobuses, donde pillé un taxi al centro, mientras le metía prisa al conductor, el pobre, me vestía, renegaba de mí y sudaba como un autentico bellaco, pero llegué con un minuto o dos de retraso, me reunía directamente con el público sin ver a mis compis.

Todo salió bien sobre todo gracias a Marina y su ayuda. 

Pues esta vez llegó un punto en el que pensé que pasaría igual.

Me maquillé en casa, me vestí de cintura para abajo de Francisc, de cintura para arriba llevaba una camiseta rosa y salí de casa en dirección totalmente contraria a la oficina del punto  de encuentro y al lugar de actuación.

Iba con tiempo suficiente, pero tampoco para presumir de él. Bueno, fui a una visita, que no voy a decir porque es algo muy personal. 

Los chicos habían quedado a las 19:00 horas. Yo me puse la intención de llegar a esa hora aunque sabía que lo haría más tarde, pero así controlaba todo.

Pues bien llegué a tiempo, hice la visita y me fui para la oficina. Me recomendaron ir en bus, pero yo para desconectar y reconectar con el trabajo lo hice a pie, es más, hasta me azucaré comprando un helado.

Todo iba ok, pero de pronto yendo por calle Marmoles, me acordé de esa jornada del cumpleaños y me dije :" El plan se está yendo al traste, son las 19:10 h, me queda un ratito, tengo que llegar, vestirme, retocarme y a las 19: 45 estar con el público, creo que lo puedo hacer, pero quizá tenga que importunar a los compis que van mejor de tiempo, porque han llegado antes".

Pues llegué a la oficina, pegué a todos los porterillos de la planta, porque nunca se cual es el nuestro y subí.

Marina, ya sentada, tranquila y completamente lista, hablaba de sus cosas y nos comentaba cosas con tranquilidad. Esperaba y me esperaba. 

Miguel daba los últimos retoques a su vestuario y al que debe usar durante la pieza, estaba a un ritmo lento. 

Yo en cambio, llegué, saludé a los dos, cargué mi móvil, solté y controlé todos mis efectos personales, me puse bien la camisa y el pañuelo y el abrigo y el sombrero. 

Fue en ese momento exacto donde solo me quedaba controlar el atrezo, meterlo en los bolsillos, perfumarme, repasar todo y mirarme en el espejo, fue cuando descubrí que Miguel y Marina me esperaban a mí.

Ya listo, les dije de marcharnos, pero Miguel fue al último pis antes de irnos.

Y lo esperamos, Marina y yo esperamos. 

Pero tardaba, tardaba y yo debo llegar el primero y dar las vueltas para llegar, así que me fui.

Tranquilo, llegué hasta la catedral le di la vuelta por si había público en el punto de encuentro no me vieran, me hice foto, sin memoria en el móvil, bebí agua en la fuente y me escondí en nuestro callejón de espera. 

Al poco tiempo llegaron los compis y nos sobraron minutos, para departir, hablar de otros proyectos, hablar de nuestras cosas y aconsejar a  Marina. 

Candil encendido, gesto serio, empezamos. 


Málaga, viernes 12 de junio de 2026.





 


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