domingo, 29 de diciembre de 2019

LA MERENDOLA Y LOS AMIGOS DE LAS EMOCIONES


Acostumbrados a nuestras multitudinarias Las cenas de las emociones en el Hotel Urban Dreams de Granada, la del pasado sábado 23 de noviembre del 2019, fue como una merendola entre amigos, además digo lo de entre amigos porque al ser menos comensales que en otras ocasiones, el trato fue mucho más real y mucho más personal.

El tener menos comensales tuvo sus cosas negativas y positivas, como todo, siempre hay un lado claro y otro oscuro de cada cosa y esta vez pues también lo hubo. Lo positivo fue lo que he  dicho antes que todo se hizo mucho más cercano, mucho más personal y como actor os diré que casi desde el principio pude catalogar a cada comensal y con ello saber de qué modo tratarlo durante la función, para que según el rollo que le iba se sintieran más cómodos, contentos y a gusto con nosotros. Había a quien le daba más cachondeo, más amor, más misticismo etc. , es más se creó tal rollo de “amistad” que al acabar la función, nos pasó como cuando te despides  de una padilla de amigos, que dices adiós en una esquina y vas empalmando conversaciones y la despedida dura casi una hora, pues esta vez fue igual,  muchos de estos se quedaron hablando con los compañeros bastante tiempo.

Tiempo que yo aproveché para empezar a recoger, por cierto, debo y quiero decir que cuando ya nos quedamos solos y el resto de compañeros empezaron a recoger, Elena, tuvo un detalle muy bonito conmigo pues me dijo: “ Tu vete ya  a descansar que ya has recogido bastante, esto lo recogemos nosotros”, no me fui, evidentemente, pero ese detalle me pareció muy bonito. Menos mal que no me fui, porque si me llego a ir a descansar me pierdo esos bocatas de salmón que nos ofreció ese maravilloso hotel, me pierdo recoger cantando villancicos con la loca de Lorena, las bromas y el juego con el mejor camarero del mundo llamado Oscar o Elena y  yo cantando por Lola Flores. Antes de acabar la entrada os hablaré del post-función, pero ahora seguiré con ella.

Otra cosa positiva fue que al tener menos comensales a los que atender la duración del espectáculo fue menor, pero a la vez, esa menor duración y ese estado más relajado y más íntimo, para mí fue un punto negativo, porque a mí me gusta la presión, el estrés, el no parar y la verdad que eso me faltó, lo notaba todo en demasiado stand-by, demasiado controlado y eso me pareció, como actor de guerrilla que soy, más sosete.

Además si soy sincero os puedo asegurar que me perdí los momentos más chulos de la noche, los esperaba con impaciencia pero al final no los pude vivir. Hay momentos donde algún compañero debe salir de la sala de actuación para realizar unas labores externas que no puedo ni voy a contar, no sé si fue mala suerte, o es que al haber menos comensales no hubo personal extra, pero de las cuatro o cinco veces que hubo que abandonar la sala, cuatro las hice yo, y creo que las cuatro coincidieron con los momentos que más disfruto de la pieza, así que, los oía desde fuera pasarlo bien y yo esperando.

Hablando malamente el salir fuera a hacer esas tareas implica que trabajas menos, eso es verdad, pero yo prefiero estar dentro, trabajar más pero disfrutar con los comensales y con mi labor actoral, pero esta vez no pudo ser, creo que por eso, lo viví todo más sosete porque mis momentos cumbres no estuvieron.

Cómo dije en la entrada anterior, durante el viaje, Raúl y yo planeamos una nueva colocación de los comensales. Creo que funcionalmente fue mucho mejor, pues se diferenciaba muy bien el espacio cotidiano (o de no actuación) y el extracotidiano (de actuación) además, quedaba muy limitado la zona de camareros, la zona de los actores y la del técnico de sonido.

En nuestra cabeza la nueva colocación era genial, a nivel práctico fue aún más genial, pues todo se desarrolló mucho más fluido, más fácil y los movimientos en escena eran más limpios, nadie interrumpió la labor de nadie, cosa que nunca había pasado antes pero de esta forma se evitaba que ocurriera, todo iba más segmentado. Pienso una vez más que a nivel trabajo fue muy positivo el cambio, pero a nivel, personal, y hablo única y exclusivamente por mí, de hecho pienso que esa colocación de los comensales debería mantenerse siempre porque repito evita muchos posibles problemas, pero lo que es mi opinión, me pareció muy fría, pues pasé casi toda la función encerrado en mi espacio y eso me impidió estar metido en todo, como en pases anteriores, en otras funciones todos éramos un todo,  se  podía estar dentro y fuera, ir a por agua cuando quería, tener mi propio espacio personal y alejado de todo cuando no me toca
ba estar en escena y así poder descansar, hablar con los camareros, sentirme más cerca del público, tener más libertad de movimientos, todo eso me faltó y aunque estuve bien y me lo pasé muy bien, me sentí un poco encorsetado, ahí metido y encerrado.

De hecho, por estar tan separados, esta vez no pude disfrutar del tradicional San Francisco que todas las veces que actuamos nos ofrece el hotel. Por cierto, una vez más, el trato del Hotel Urban Dreams, fue de lujo, pues cada vez que descansábamos entre escena y  escena, el gran Antonio, nos traía algo para cenar.

También hubo nervios, claro está, la pieza ya está más que trillada, pero se estrenaba una compañera y es normal que  cualquier estreno  provoqué nervios en el actor o la actriz que se estrena, pero a los compañeros que actúan con esa persona pues también se los provoca y esta vez no fue una excepción. Ella estaba nerviosa, nosotros la relajábamos pero también nos sentíamos un poco nerviosos, eso sí, debo romper una lanza en su favor, puesto que apenas habíamos podido ensayar, mi relación con ella fue de una sola tarde y la chavala lo dio todo, estuvo siempre ahí, tuvo acción / reacción y conexión conmigo y aunque nos faltó una vuelta más para estar muy bien, la verdad que estuvimos muy en condiciones y trabajar con ella fue muy fácil. Eres grande Lorena.

Otra cosa que recuerdo fue el calor, este era sofocante. Al llegar a la cena los comensales nos informaban que el frio en las calles “granainas” era horrible pero es que dentro se pasaron poniendo la calefacción puesto que yo acabé sudando a chorros.

En cuanto al público, como digo, fue menos numeroso que en otras ediciones, pero creo que lo pasaron como nunca, quizá no fue tan explosivo como en otras cenas y no montaron una juerga, pero lo pasaron muy bien pues se dejaron llevar y lo sintieron todo con gran intensidad, recuerdo una pareja donde el chico, de pelo largo, todo lo vivía con gran emoción o la chica que iba sola y no paró de bailar, o como dije al principio, la gran retroalimentación que tuvimos del publico mientras abandonaban la sala, pero ya sabéis todo lo positivo tiene un lado negativo, esta vez sí hubo alguien  que se negó de lleno y desde el principio a  entrar en el juego, puesto que cuando yo llamo a los comensales que es el principio de todo, pues no llevamos ni diez minutos, tuve ya quejas y me expresaron sus “ derechos”, pero como de todo se aprende, antes esas cosas nos afectaban mucho a todos los compañeros, pero ya no, nadie puede parar nuestro momento de diversión.

Pues bueno esa fue mi visión de La Cena de las emociones, la última del 2019 y una vez más en Granada, fue una gran noche, todo salió muy bien, pese a ese comensal y a que hubo faltas de texto que nos trastocaron un poco, yo lo pasé bien, pero no como otras veces, no acabé con la adrenalina a tope y con la sensación de haberlo pasado bomba, sino con la de un trabajo bien hecho.

Bueno pues antes de terminar esta entrada quiero contaros como digo el post de la función, como dije antes nos pusieron de picar, recogimos con villancicos, risas y canciones, pero lo mejor fue al terminar, que me fui de marcha con mi amigo David y como siempre digo a mí que no me gusta viajar, me sentí muy bien de bares y baile con él que me recordaban mis años de mozos y mis primeras visita a esa ciudad allá por el año 2000, estaba muy agustito y muy bailón, por  cierto, que para llegar al pub donde David estaba, me tuve que ir solo caminando por la ciudad de madrugada y unos estudiantes que me encontré por el camino le pregunté por el sitio y ellos amablemente me llevaron al lugar, eran estudiantes foráneos.





jueves, 26 de diciembre de 2019

UN "LABERINTO" DE COSAS.


Como llevamos haciendo desde primeros de octubre, una semana más, Paco, Javi y un servidor nos metimos en nuestro Laberinto, pero esta vez fue especial por muchos motivos, el primero de ellos fue que no quedamos un   sábado sino un viernes. Concretamente el viernes 22 de noviembre del 2019. 

Al día siguiente, Javi iba a Madrid a un trabajo y yo a Granada a  actuar en Las cenas de las emociones, así que, coordinamos nuestras agendas y esa semana se decidió ensayar en viernes.
Javi tenía clase durante todo el día, así que se fue directamente en su coche desde la escuela a Torremolinos y yo como venía de casa, me fui, solo, en tren, aproveché el camino para hacer unas fotos para esta entrada que no me salieron ni a la de 3 y sobre todo para repasar el nuevo texto, porque para ese día teníamos previsto investigar nuevos rincones de la sala dos de nuestro Laberinto.

Dentro de la especialidad del ensayo de ese día estaba también el lugar, nuestro teatro estaba ocupado así que ensayamos en la sala  del grupo teatral Madame Bovary.

Quedamos a las 16:30 pero cuando iba de camino, ya en el tren, Javi nos escribió que iba bastante tarde, eran las 16:08, así que cuando llegué a Torremolinos me dediqué a pasear, visitar iglesias, tiendas navideñas y llegué al ensayo un poco retrasado y Javi, ¡¡sorpresa!! ya estaba allí. El pobre pensó que el ensayo estaba programado para  las 16:00 y de ahí lo de la tardanza, pero al final él llegó bien de tiempo y el tardón fui yo. Nos reunimos y desde la casa de la cultura nos fuimos caminando a Madame Bovary. 

Os describiré un poco el lugar: Una especie de piso, con una cocina, un salón, un dormitorio y un cuarto de baño. Allí  toda clase de cosas, dos o tres sofás, dos armarios, interesantísimos, repletos de vestuarios,  mucho atrezo,  cuatro o cinco mesas, muebles, y sobre todo, las paredes repletas de artículos, recuerdos, diplomas, y carteles. Con todo esto delante de mis ojos y yo que soy muy curioso, o como dice mi sobrina, muy cotilla, ensayar allí fue todo un reto y un gran trabajo de concentración, ya que el ensayo, fue como si colocas a un chaval de 8 años, en medio de una calle de Disneyland, lo sientas en una silla y le dices concéntrate y ponte a estudiar matemáticas para el examen de mañana. 

A mí se me iban los ojos, y a veces el reto de mantener la concentración no lo superé y se me iba la olla.

Es cierto que ahora anochece antes pero entramos a ensayar sobre las 16:30 y salimos bien entrada la noche, pero bastante bien, o sea, creo que fueron casi tres horas de ensayo, cuando normalmente suelen ser dos.

Pese a la falta de concentración, a la adaptación al nuevo espacio y al nuevo mobiliario, puesto que había parte por donde no podíamos entrar por la estrechez del espacio o la imposibilidad de apoyarnos en la mesa pues el tablero se movía o mi postura extraña al sentarme porque no cabía, por cierto que Paco me dijo que esa postura no la usara en escena y yo le comenté que era porque no tenía sitio para colocarme, pues pese a todo ello, la primera parte de nuestro Laberinto la repetimos varias veces y como era la que llevábamos más trabajada y Paco nos dio la gran noticia, nos dijo : “La primera tarde ya la tenemos lista, si mañana la quisiéramos estrenar podríamos hacerlo y quedaría de lujo”. 


Eso pasó en la primera parte, pero en las nuevas tanto Javi como yo tuvimos que coger el texto porque no lo sabíamos. Yo me lo había intentado estudiar pero, con tantos ensayos, jaleos, actuaciones y viajes no pude estudiar mucho, y lo poco que estudié cuando lo dije en voz alta aquello no cuadraba y decidí coger el texto. 

Ese ensayo lo dedicó Paco, a detallar y llenar de matices, gestos y forma los pequeños monólogos de Javi, es verdad que quedaron muy chulos, pero yo hice poco la verdad, además, conforme avanzaba la tarde pensaba en que mañana me iba para Granada y aún no sabía ni hora, ni cómo, ni nada, y yo que soy muy organizado el estar sin saber, me mata y claro mi cabeza ya estaba en eso. 

Ya casi al acabar hicimos la parte nueva, como no nos lo sabíamos no quedó nada lúcida pero nos sirvió para familiarizarnos al texto, a las entonaciones, a los movimientos y la próxima semana darlo todo. 

Pensé que Javi tampoco podría traerme de vuelta, pero lo entendí mal y antes de irnos me dijo que me llevaba, así que nada, tras una pequeña charla antes de irnos, nos fuimos a Málaga y yo me dediqué a comprar cosillas navideñas. 





miércoles, 25 de diciembre de 2019

COCINANDO.... BUENO FRIENDO HUEVOS Y PAPAS.


Pues con un madrugón de las 6:20, tres hora y algo de viaje de Málaga a Granada y Granada Málaga, dos pases de una pieza que dura una hora, o sea, con dos horas de actuación encima, más una clase de una hora en mi cuerpo, a las 17:00 horas, del jueves 21 de noviembre del 2019, salí de mi cole y me dispuse a ir caminando y rapidito a la ESAD de Málaga para cocinar nuestra Cena de las emociones pues en dos días la serviríamos en Granada, o sea, el sábado de nuevo estaría allí. 

Pero esta vez no fue un cocinado sofisticado sino más bien un cocinado casero y típico.

Más que salmón marinado con falso caviar de tomate y espuma de merluza, cocinamos papas fritas con huevo.

Después de perderme por la ESAD buscando la clase donde íbamos a cocinar, entré en la P3 y me encontré a Elena sentada en la mesa del profe rodeada de papeles y su ordenador y a una chica muy alta, seria, con un pelo muy negro, con una gran cola, gafas, y muy elegantemente vestida con un abrigo largo, se llamaba Lorena y era la muchacha que iba a sustituir a la otra chica que hacía el papel de Lucía. Esta dejó el proyecto días antes y esa era la nueva chica que la iba a sustituir.

Estaban hablando de la pieza, cuando yo llegué, comentaban los cambios que se había hecho en el guion, tras saludarnos, me la presentó y la diré salió a imprimir los textos  con todos los cambios realizados, para entregarlo a Lorena y yo me quedé solo con ella.

Cómo estábamos solos y a penas nos conocíamos, decidimos ensayar o repasar los platos que tenemos en común. Entre ellos, el postre, el plato siete y el uno. Los hicimos varias veces.

Luego llegó Elena, le dio el texto a la chica e hicimos de nuevo el postre con nuevos cambios, el plato 7 y el 1 ya para que nos viera Elena. Aunque la nueva chica había hecho un esfuerzo titánico para aprenderse el texto, no se lo sabía a la perfección y usó el libreto con las recetas durante el cocinado, pero como el que mejor se sabía era el 1, lo repetimos varias veces y quedó sabroso.

A continuación se volvió a repasar el plato 7, el último y un poco del 2 y el 6 y luego se pusieron ellas solas con su plato particular.

Mientras yo esperaba e hice estas fotos. No quise hacer fotos con ellas pues Lorena me parecía muy seria, pero luego descubrí que era una loca como todos nosotros.

Yo llegué al cocinado sobre las 17:30 y las 19:00 ambas se tenían que ir, así que en hora y media y con una cocinera nueva poca receta sofisticada pudimos hacer, hicimos el huevo con papas y para casa.

Yo necesitaba caminar, así que me vine andando para casa, pero parte del camino lo hice con Elena, riendo, hablando de nuestras cosas y coordinando el viaje a Granada.






martes, 24 de diciembre de 2019

CON UN POCO DE LLUVIA Y CON LOS PRIMEROS RAYOS DE SOL.


El primer sol del jueves 21 de noviembre del 2019 me pilló viajando. Vi amanecer desde el interior de un coche, un coche de estos grandes, y lo digo así porque no sé ni qué marca ni qué modelo era, ya que no tengo ni idea de eso, pues bien, en su parte trasera íbamos: Miguel, Sofía y un servidor y en la delantera, Pepa y Fernando, este último, propietario y conductor del vehículo, en él nos dirigíamos a Granada para actuar, esa mañana, y representar con motivo del Día Internacional de los Derechos del Niño, la pieza Lluvia fina, por cierto que a parte de porta trajes, mochilas y demás nos acompañaban seis sillas de metal, que según el tramo que recorríamos nos hacían saber de su presencia con un incesante ruidito.

Volviendo al amanecer, creo que ocurrió justo pasando Antequera y cuando Pepa, tras ver una casa en medio de una llanura, comentaba que le encantaba el campo pero también nos hacía conocer todos sus inconvenientes, fue entonces cuando miré por la ventanilla y vi como el cielo se iba aclarando, ya no era noche cerrada, como cuando salimos de las puertas del centro comercial Carrefour Rosaleda.

Nuestro primer pase era a las 10:00 y  como el trayecto Málaga-Granada es una hora y algo, nos citaron en el teatro sobre las 8:30 o 8:40 para organizarlo todo y por ello, salimos de aquí a las 7:00. Para llegar a la cita, me levanté sobre las 6:20. Sé que para muchos o muchas de los que leéis el blog, esto es vuestro pan de cada día, pero que yo estoy más acostumbrado ver amanecer y acostarme que levantarme y ver amanecer  esto fue un sacrificio de los gordos, por cierto ahora que caigo, cuando era contable en Torremolinos lo hice muchas veces, veía de amanecer en el tren cuando iba a trabajar, pero ya no me acordaba.
Además cuando iba por la calle, me daba mucha tristeza ver a tantas personas que por la noche ya andan dando vueltas e iniciando su día.

Llegué sobre las 7:02 a la cita y ya me esperaban en el coche, fuimos a recoger a la compi, Sofía, que nos faltaba y fue en ese momento cuando empezó a llover, la recogimos, por cierto, que al bajarme del coche para que ella pasara, tiré sin querer mi bufanda a un charco.

Como siempre os digo no me gusta mucho viajar, así que iba en el coche con mi pellizquito y Sofía nos contó que había desayunado un bocata de aguacate y tomate y yo me comparaba con ella y notaba que ella iba desayunada, tranquila y feliz y yo con mi “cosita”.

Bueno una vez la recogimos nos fuimos para Granada donde, como os dije antes, por el camino vimos amanecer y llegamos muy bien de tiempo. Una Granada solitaria, nublada y poco fría nos esperaba a la puerta del teatro del Zaidin.

Y durante el trayecto pues hablamos de cómo habían sido los preparativos de Chorus Line, de la experiencia en la ESAD de Sofía, de si viviríamos en el campo o no, de los perros de Miguel, del amor/odio de cada uno de nosotros al campo, pero también durmieron algunos, otros dimos cabezadas, otros repasaron el guion,  reímos, hablamos guardamos silencio y así pasamos esa hora y algo de viaje a la ciudad de la Alhambra.










lunes, 23 de diciembre de 2019

¿PERO DONDE ESTABA YO ESPERANDO LA LLUVIA?... FINA.


Y llegamos al Teatro del Zaidin, no nos costó dar con él lo más mínimo, además creo que este, está a las afueras de Granada, hablo sin ningún conocimiento de causa lo reconozco, pero fue llegar a la ciudad y sin meternos en el centro histórico, ni dar muchas vueltas, llegamos al teatro, de ahí mi conclusión. 

Era el jueves 21 de noviembre del 2019, un día nublado, y como los buenos boquerones parece que somos alérgicos al frío, íbamos muy abrigados y nos bajamos del coche totalmente asustados en plan: “Aquí es invierno de verdad, nosotros no estamos acostumbrado a esto, así que nos bajaremos del coche vestidos de buzo y nos iremos corriendo al interior del teatro”, así lo hicimos, pero la verdad que no hacía tanto frío, es más prácticamente no hacía. El chaquetón gordo creo que no me lo puse en ningún momento.

Yo había informado a nuestro colega, compañero, director y jefe de nuestras expediciones, Fernando, que ya había actuado allí y que se podía entrar perfectamente por la parte de atrás del escenario y descargar, pero al llegar vimos que el teatro estaba adosado a otro edificio y este a otro más, y yo recordaba perfectamente que cuando hará unos 5 años actué allí con la compañía The Nose Teather, estuvimos tomando café en un bar que había junto al teatro, luego cruzamos un jardincillo y entramos  por un lateral. Una vez dentro  había  un pasillo largo, repleto de camerinos y al final estaba el escenario. No sé, me parecía raro, hacía muchos años que no iba, pero todo el exterior había cambiado demasiado.

No nos importó no entrar por detrás, porque como lo único que teníamos que descargar eran 6 sillas tampoco era necesario tanto jaleo.

Debido a mis malas indicaciones, no sabíamos por donde entrar y vimos a una señora limpiando, Pepa se bajó del coche a preguntar, pero la señora un poco parca en palabras no nos ayudó mucho, es más no confió en que esa mañana hubiera teatro allí, pero nos dio permiso para entrar en el recinto, aparcar el coche y buscarnos la vida. Eso hicimos y nuestros problemas se solucionaron al instante, Fernando fue a hablar y el equipo maravilloso que formaba toda la parte técnica, logística y de acomodadores del  teatro, nos recibieron muy amablemente, colmándonos de sonrisas, ayudas y colaboración y ya pudimos entrar. De hecho me pareció muy curioso, pues todos pertenecían a un antiguo grupo de teatro de Granada ya desaparecido, o eso entendí, y  ahora se dedican a llevar el teatro. Estaba chulo pues eran colegas.

Entramos al escenario directamente, me gustó, aunque me sentí un poco raro, soltamos las sillas en él y nos fuimos a los camerinos. Nunca entendí porque mis compañeros cogieron uno que había justamente detrás del escenario, totalmente blanco y con poco mobiliario, cuando en el otro extremo del escenario, donde el pasillo largo, habían unos de madera muy acogedores y preciosos.

Nada más llegar, Miguel, el más urgente, se reunión con los técnicos del teatro, en su cabina, para empezar a montar y organizar el tema de las luces y las músicas. De hecho no lo vimos en toda la mañana, pues estuvo enfrascado en eso, Sofía nada más llegar se fue a fumar, a calentar y repasar el personaje, Fernando salió a supervisar todo y Pepa y yo nos quedamos solos en el camerino, que a mí no acababa de convencer, con lo chulos que eran los otros. Yo solté mis efectos personales y preparé todo el atrezo y vestuario de Simón, Pepa empezó a retocarse el maquillaje y después nos dimos mutuamente lecciones de Instagram, pero al ratillo yo no tenía nada que hacer, eran las 8:59  aún quedaban  61 minutos para empezar y por lo visto no había ni prueba de luces, ni ensayo de movimientos, ni pequeños repasos de textos debido al estreno de Sofía, ni nada, no me avisaron de que hubiera nada, así que me vi allí, en el camerino, sin nada que hacer, un poco descolocado y me agobie un poco me puse un pelín nervioso de más, la verdad.

Quise maquillarme y vestirme pero era pronto, tampoco tenía nada que hacer y ponerme solo a repasar me parecía un poco tonto, así que me di alguna vuelta por el teatro y sobre todo me  fui en busca de los  camerinos, los buenos, pero al salir del escenario por la parte derecha, no había pasillo, solo una habitación oscura, llena de trastos que Pepa y yo estuvimos investigando y fue entonces cuando caí en  cuenta que habían podido hacer alguna reforma, ya que hacía tantos años que yo no iba por allí y por eso todo había cambiado, pero me sorprendía que el cambio fuera tan radical, puesto que hasta las paredes de la sala eran de otro color y tenían pinturas con el rostro de Lorca. Fue entonces cuando descubrí que no me estaba volviendo loco sino que yo jamás había estado allí, sino en el teatro de otro barrio, el de  Las Chanas. No tienen nada que ver, pero  la estructura  del escenario y el  patio de butaca son muy similares y al bichear por Internet para ver el sitio me equivoqué. No tuvo importancia, pero si llego a ir solo, es un problemón, pues hubiera acabado en la otra punta de Granada.

Resuelto el entuerto, seguí caminando y llegué a la entrada, donde había una especie de panel para un foto call y Fernando hablaba con los organizadores, no quise molestar, ya eran las 9:20, regresé al camerino y comencé a maquillarme, vestirme y prepararme, estaba tan nerviosillo que ni fotos me hice.

Instado por Pepa nos fuimos en busca de Fernando, además yo le pedí a todos hacernos la foto que abre esta entrada. 

Mientras íbamos al hall, Pepa bromeaba sobre el rato que llevaba Fernando hablando y que no hacíamos nada preparatorio. En esto último ella tenía razón, así que nos hicimos la foto, y me fui al escenario a ensayar la canción con la que entro en escena, al poco rato llegó Sofía, repasamos algunas partes y ya llegaron Fernando y Pepa. Estaba todo controlado pero necesitábamos un poco el rato de afianzar. Allí en el escenario vimos el tema de luces y colocación, probamos voces, repasamos algunas cosas y nos dieron las 9:44, nos invitaron a salir de escena porque llegaba el público, nos fuimos al camerino, donde algunos calentaron cuerpo y voz, otros esperaron como una función más, otros de charla y calentando la voz y yo pues haciéndome fotos para el blog, concentrándome un poco, y bromeando, así dieron las 9:55, por voluntad propia nos fuimos entre las cajas a esperar el inicio y ¿Qué pasó? Si quieres saber qué pasó a leer la siguiente entrada. Je, je, je.








CON LOS PARAGUAS ABIERTOS ESPERANDO LA "LLUVIA FINA".


Ha pasado casi un mes pero lo recuerdo perfectamente, vamos como si lo viviera ahora mismo: Fernando muy serio, Sofía calentando y Pepa y yo bromeando, bueno ella bromeando y yo muerto de risa, es que esa mujer es mi  bálsamo para el relaj. Con sus bromas y sus cuidados de madre me relaja un montón y me hace sentir y pasarlo muy bien, pues eso que parece que lo estoy viendo, los cuatro, el jueves 21 de noviembre del 2019, en la parte de atrás del escenario del Teatro del Zaidin en Granada, junto a nosotros  el telón de fondo del escenario, una tela enorme, totalmente negra, las calles  realizadas también con telas negras, el suelo negro, a nuestras espaldas la entrada al camerino aún encendido y este sí, de color blanco inmaculado, a la izquierda en el fondo y tras Pepa una sala donde se guardaban focos, cables y demás, junto a dicha sala otro camerino muy grande. Todo a oscuras.

Allí esperábamos muy puntuales el inicio de la pieza. Yo debido a mi pantalón fino y a mi camisa sin mangas estaba pasando bastante frío, ya que estábamos un poco en corriente. Además de la oscuridad iba ya sin las gafas así que todo esto que os cuento lo veía con muy poca claridad, solo nos acompañaba una pequeña luz azul que venía del escenario.

Fue muy interesante porque ese lugar  amplio, grande, helado, desolado, vacío y muerto que era el teatro, lugar solitario y enorme donde llevábamos dando vueltas desde las 9:00, ahora ya estaba lleno y no solo luz azul nos llegaba de él sino que también nos llegaba energía, vida, una extraña fuerza de atracción. Ese sitio ya  tenía vida propia, se notaba su calor, su energía, la fuerza de esas personas, de esos niños deseoso de vernos, se oían de lejos sus comentarios, sus risas. En ese momento ese  lugar era un ente vivo, era una fuerza que nos pedía salir y un reto pues había que intentar callar, despertar el interés y mantenerlo de esa masa viva, llamada público que te da respeto, pero a la vez energía.

En ese momento yo ya estaba deseando salir pero nos informaron que faltaba un colegio y nos pusimos a esperar.

Mientras esperábamos llegó el colegio que faltaba, pero nos dijeron que teníamos que seguir esperando, pues, debía llegar una autoridad, ya que actuabamos para Educar con arte, unas jornadas organizadas por el Ayuntamiento de Granada, y claro había que esperar, pues esperamos. Seguiamos  esperando,  cuando esa persona pareció,  tras un pequeño saludo, comenzó un discurso y nosotros seguimos esperando. El discurso que se fue alargando y continuamos esperando.

El discurso era cada vez más largo y la espera continuaba. El único problema era que entre función y función sólo teníamos una hora libre y mis compañeros querían ir a desayunar porque con el madrugón no lo habíamos hecho, estábamos con el estómago vacío y si la cosa se alargaba no podríamos desayunar, aunque yo tenía el estómago cerrado y no me apetecía mucho.

Seguíamos esperando,  yo quería irme a mi lugar de actuación pero Fernando me lo fue retrasando hasta el momento final. Tenía muchas ganas de empezar, pues en esta pieza como dije en la entrada anterior, debo estar todo el rato en escena, sentado frente al publico y sin moverme y eso me causa tensión, según el lugar de actuación puede ser mucha y eso no lo sé hasta que no estoy en escena y ansiaba saberlo ya, pues de eso depende como me lo pasaré durante la función.

Tras un saludo y un aplauso a este señor, me dirigí a mi lugar de actuación. Recuerdo andar un pasillo largo y oscuro, luego salir a la luz, subir unas escaleras, luego otras más pequeñas y llegar al hall del teatro, en el  lateral derecho unos ventanales inmensos, enormes, separados por unos hierros burdeos, desde donde se veía la calle, el cielo nublado, porque ese día, de verdad, en Granada estaba lloviendo y concretamente  cayendo una lluvia fina. En ese hall se notaba el frío, un frío horrible.

Me dirigí a la sala del teatro, fui a abrir la puerta del mismo y en ese monento se abrió sola, salió  el señor del discurso  con su traje y sus acompañantes y se dieron de bruces conmigo, vestido de hippie, con un pantalón rajado y una camisa raida, en ese momento me pregunté qué pensaría ese hombre de mí, si el público eran maestros y sus alumnos y él no sabía que yo no salía desde el escenario. ¿Pensaria que me colé?.



"LLUVIA FINA" EN EL "XIII EDUCAR CON ARTE" DE GRANADA.


Me quedé, junto a la puerta, esperando a que mis compañeros ocuparan su posición, lo hicieron, Sofía empezó su pequeña canción y ahí Simón hizo su aparición. Este personaje entra de forma muy sorpresiva, a veces sorprende y engancha con el público y otras no, pero esta vez sí lo hizo. Recuerdo como rápidamente congenié con esos niños y  ellos conmigo, de hecho cuando tras el primer pase íbamos hacia el camerino mi compañera Pepa, dijo: "El que ha estado hoy bien ha sido Lolo, ha sido un éxito, ha conquistado a todo el teatro". Y yo me quedé muerto.

Mi personaje aparece cantando una canción actual, que cada “x” tiempo  voy actualizado. Esta vez le tocó a Con altura de Rosalía,  rápidamente los niños se pusieron a cantarla conmigo y a hacer palmas, yo me calenté y la cosa fue muy bien, pues en pocos segundos me hice con todo el teatro. Además antes de subir al escenario, terminé la canción diciendo: “La Rosalia” y los niños se pusieron a reír.

Cómo dije antes, eso de estar quieto, sin moverme, sentado frente al público, entre escena y escena, a mí me agobia mucho y  depende del tipo de escenario, las luces,  la colocación del público, como estemos nosotros, el local, etc, una veces me puede agobiar mucho y otras veces muy poco, pero esta vez no fue ni mucho ni poco, fue absolutamente nada, me pasé el tiempo entre escenas muy tranquilo y muy relajado, siempre con un pellizquito, claro  está, pues tienes esa vocecita que te avisa de que estas actuando y debes estar al loro, pero quitando eso, me sentía muy bien.

Pues si sentado estuve tranquilo, cuando me subí al escenario, también me sentí estupendamente bien y me dejé llevar. Comencé a sentirme el dueño del mismo y empecé a gamberrear, algo que pide mi personaje y que cuando el lugar y el público se presta a ello, yo se lo doy pero esta vez, no sé por qué, pero fue especial.

Era un teatro muy pequeñito, a ver ya quisiera Málaga tener un teatro de barrio que fuera la cuarta parte de este, pero quiero decir que el escenario no era muy grande, un poco alto sí, pero es que el suelo del patio de butacas también estaba un poco elevado con lo cual la altura no se notaba, y la primera fila de público la tenías casi a tu misma altura, además el patio de butaca era en gradas, había una primera tanda, un gran pasillo y otra, pero estas no estaban muy extendida a lo horizontal sino muy vertical, por tanto desde el escenario no veías el abismo o una mancha oscura, veías casi perfectamente a todo el público, ya que no había una total oscuridad y porque debido a la colocación, los tenías muy pegados a ti, y a mí esa sensación me encantó, porque yo hablaba para ellos, les veía las reacciones y éramos todos uno y eso que iba sin gafas.

En cuanto me subí a escena no pensé en nervios ni nada, al contrario me dije: “ Esto es mío y aquí mando yo”, empecé a dotar al personaje de pausas, que a veces no hago, de gestualidad cómplice con el público, de movimientos, de participacion, mi objetivo en esa escena es animar  y ganarme la confianza de la prota. Es una escena de dos, ella y yo, pero esta vez éramos muchos  más, en el bando de la chica solo estaba ella pero en el mío estaba yo y todo el público. Aunque suene mal que lo diga, cuando yo acabé dejé el nivel de energía a tope, fue un inicio brillante de la pieza, pues mi personaje es el buen rollo dentro de la tensión de la misma y está vez lo cumplí y con creces, pues el público ya estaba caliente, con ganas de más y con un nivel de buen rollo inmenso.

Recuerdo la sonrisa de Sofía al acabar esa primera escena, por cierto que acabé a axficiadísimo, era su estreno y me miró con cara de que todo había ido bien, en el segundo pase al acabar y estar en el tiempo de espera recuerdo que me cogió la mano en señal de éxito y complicidad.

Las escenas fueron pasando y yo cada vez más relajado. Mi siguiente escena fue otra gozada, aunque el monólogo que tengo en ese momento  fue un poco más rollito, sobre todo porque estábamos en Granada y va sobre Málaga, pero a parte de eso lo demás fue perfecto, las acrobacias salieron y cuando las hice se oyeron varios “oh”, la conexión con Sofía fue total, todo fluyó muy natural y me dejé llevar tanto que la escena se me hizo cortisima, luego más espera, y el final. Cuando no me lo paso muy bien haciendo esta pieza, en el final lo paso de maravilla, así que imaginad esta vez que todo iba de lujo, el final fue... Cada gesto o comentario que hacía era celebrado con risas. Tras eso, los aplausos donde, siendo sincero, os diré que con lo bien que se lo habían pasado no fueron muy animosos aplaudiendo yo esperaba más.

Pues si a los del primer pase los noté un poco parco en los aplausos, pese a lo que habían disfrutado, los del segundo pase nos regalaron aplausos a raudales, la verdad que creo que en exceso y os cuento mi impresión, que quede claro que es la mía y lo mismo no es real pero yo la sentí así. En la penúltima escena, cuando llega el desenlace de la pieza y se soluciona el primer conflicto el público empezó a aplaudir, nos cortaron la actuación los aplausos y eso siempre te llena de un gran orgullo, pero luego, cuando ocurrió otro hecho volvieron a aplaudir y el orgullo fue mayor, pero a partir de ahí, cada cosa que decíamos era aplaudida, de hecho algunos espectadores pudieron parar esos aplausos y a mí eso me hizo pensar que los primeros fueron muy sinceros pero los siguientes, ya iban un  poco en broma, pero ya os digo es como yo lo sentí pero lo mismo no es así y es que a estos chicos y chicas les encantaba cada cosa que hacíamos.

A parte de la tormenta de aplausos, este segundo pase comenzó, con una grandísima y reconfortante retroalimentación pues cuando me dirigía hacia el escenario, una de las chicas del teatro, que por cierto es colega, porque ese teatro lo llevan actores y actrices, me paró y me dijo: “Tu personaje me encanta, que bien lo haces.” Así que entré a escena por todo lo alto.

En este segundo pase creo que fui juez y parte y os aclaro, fui parte porque era un actor más del elenco en donde de nuevo actué y lo di todo, de hecho las impresiones son las mismas que en el pase anterior, pero también fui juez, pues esta vez en el tiempo sentado entre escena y escena ya no tenía ni el pellizquito de la responsabilidad, esta vez era sentarme, dejar a Simón fuera de mí y ser un espectador más.

No puedo dejar de olvidar, la silueta de ese monstruo llamado Fernando, actuando, dándolo todo, yo viéndolo casi de espalda, los reflejos de los fotos azules y rojos que se  en su cuerpo y en el suelo del escenario de un negro brillante precioso, y frente a él todo el público, que como dije antes se veía perfectamente. Fue algo muy bonito porque tienes a todo un actorazo con una larga carrera a dos metros de tí y lo ves trabajar y convertirse en un padre preocupado o a Pepa en una maestra estirada, cuando hace un rato estaban tomando café contigo y ahora estaban ahí, esas luces, ese público, ese momento fue mágico, además quise retenerlo en mi mente y hoy un mes después puedo recordarlo. Como siempre digo, no me gusta viajar pero en ese momento me dije : “Lolo eres un afortunado”.

Al acabar la pieza, recogimos todo, que se recoje en nada de tiempo, nos cambiamos de ropa, despedimos a Sofía que se quedaba en Granada y nos volvimos a Málaga, donde llegamos a tiempo justo para almorzar en casa, ir al cole, salir e irme a la ESAD a un ensayo de Las cenas de las emociones, pues en dos días volvía a actuar a Granada.

Por cierto, que al salir del teatro aún estaban algunos de los niños del público saliendo del mismo, nos miraron pero no nos hicieron mucho caso, en cambio entre pase y pase salimos a desayunar. Como el primer pase empezó tarde, no tuvimos una hora entre pase y pase, sino unos 40 minutos así que fue acabar, yo me cambié de ropa porque con mi vestuario no podía irme a la calle y salimos, el hall del teatro y las calles cercanas estaban aún repletas de alumnos que habían visto la pieza y su reacción fue maravillosa, nos pararon, nos miraban, nos sonreían, nos chocaban la mano, pero lo más impresionante fue que ya en la calle, buscábamos un local para desayunar y los alumnos que iban ya para el bus, nos vieron y empezaron a gritos a saludarnos, súper sorprendidos de vernos por la calle, se acercaban, se avisaban unos a otros y venían a saludarnos y la verdad que fue un momento muy chulo.

Ya estaba tan bien y tan contento que el estómago se me abrió y más feliz que una perdiz me comí un pedazo de bocata de jamón y queso.

Pues esta que acabáis de leer es mi crónica del jueves 21 de noviembre del 2019, día en el que representé en el Teatro del Zaidin de Granada la pieza Lluvia fina, como parte de las jornadas del Día Internacional de los Derechos  del Niño y dentro del plan Educar con Arte, hicimos dos pases uno a las 10:00 y otro a las 12:00, nos visitaron 11 colegios y nos vieron un total de 576 niños y niñas. Ese día después de tantos años me enamoré realmente de Simón, por fin es mío y ya lo controlo y está dentro de mí y como dijo la gran Pepa, muchos granadinos se han enamorado de él y de han llevado a Simón como amigo imaginario a su casa.









sábado, 21 de diciembre de 2019

DOS LLUVIAS A LA SEMANA COMO PREVISIÓN A LA GRAN "LLUVIA FINA".


Para que se cumplieran las previsiones meteorológicas y el  jueves, 21 de noviembre del 2019, pudiera llover, eso si de forma fina, en el Teatro del Zaidin de Granada, tuvo que hacerlo previamente dos veces  en Málaga, una por la zona de la Misericordia y otra por la del Cónsul, la primera fue el domingo 17 y la segunda el miércoles 20.

Mi hermano es muy seguidor de las previsiones por Internet, y siempre me dice qué días y a qué hora va a llover y cuando debo llevar paraguas, pero esta vez, yo fui, como Zeus, el que decidió a que hora iba a llover, bueno las horas exactas las puso nuestro director y colega, Fernando, pero bajo mis consejos.

El domingo nos mojamos por la mañana, porque por la tarde yo tenía ensayo con Eventos con Historia. Este año por tercera vez, Eduardo, va a representar sus clásicos cuentos navideños. El primer año me llamó para actuar pero no pude, el segundo y tercero pude pero no me llamó y este año oferta y demanda han coincidido y actuaré. Ese domingo era la primera reunión o presentación por la tarde y  las nubes se habían desplazado a la mañana para que por la tarde yo pudiera ir a ensayar, pero al final, como avisé a Edu de que a lo mejor no iba y no me apetecía hacer doblete, no fui, pero eso sí para poder tener la tarde libre tuve que volver a madrugar un domingo más, y ya van no sé cuantos. Esa tarde la pasé relajado entre la playa y Torremolinos.

En cambio la lluvia del miércoles fue a mediodía y a contrarreloj. Mi agenda de profesor estaba tan llena que si no queríamos esperar, para  mojarnos hasta las 20:00, lo teníamos que hacer en mis horas libres entre clase y clase, y eso hicimos, o sea, de 15:45 a 16:45, pues a las 14:30 salía de un cole y a las 17:00 debía estar en el otro.

Mientras que las precipitaciones en el Cónsul fueron más bien chispeos, las de la Misericordia fueron chaparrones en condiciones. Estaban previsto que fueran tres, pero al final Fernando optó solo por dos. Bueno, ese día parecía que nada de lo previsto se tuvo muy en cuenta, pues la tormenta se iba a celebrar en La Térmica a las 12:00, pero cuando llegamos a dicho lugar, un poco más y tenemos que usar un tanque para entrar, pues pese a que estaba todo pedido y en orden, nos decían que nuestra cita no estaba, al final, tras una genial gestión de Fernando, pudimos entrar, pero sólo nos faltó, arrodillarnos y llorarle a la chica de la puerta.

Una vez pasada la gran muralla y esperar a Sofía que andaba perdida por los pasillos buscando un baño, entramos a nuestra tradicional sala de ensayos, no recuerdo nunca el nombre, pusimos nuestras sillas, soltamos nuestras cosas y empezamos nuestra lluvia de domingo o lo que es lo mismo, nuestro ensayo dominguero de Lluvia fina.

Esta vez fui a darlo todo, debía hacerlo y lo hice, era casi una obligación a nivel personal. Como sabéis, en esta ocasión se realizaron tantos ensayos previos para que a Sofía, nuestra nueva incorporación, le quedara todo claro, se familiarizara con la pieza, con nosotros, con las entradas y salidas, ect. Pero la última vez que nos vimos, por el tema de la altura, yo estaba pendiente a todo menos a ella, mi objetivo era irme cuanto antes y me preocupaba solamente de eso y el objetivo real del ensayo, para mí, se perdió, mi cabeza era yo, yo y yo. Esta vez para que se olvidarán todos de esa mala imagen, para quedarme tranquilo conmigo mismo y sobre todo para poder ayudar a la chica, intenté ser un compañero ejemplar y como tal creo que me porté.

Los pases que hicimos fueron completos, es decir, no solo las partes donde salía la chica, sino todas y yo intenté darlo todo. Normalmente estos ensayos recordatorios lo hacemos a medio gas, pero esta vez quise que Sofía tuviera como referente al personaje de Simón, mi personaje, tal como sería cuando actuara en Granada. Sin llegar al nivel del directo, puesto que mi personaje se nutre mucho del público, usé los movimientos, el ritmo, la energía,  las entonaciones casi idénticas a las que uso en escena.

Realmente quería ayudar a la chica, cosa que la vez anterior no hice, quería darle seguridad, puesto que aunque ella es la protagonista de la pieza, en las partes donde sale Simón ella es un acompañamiento de este y quería que viera lo que yo hago para que no se llevara sorpresas, supiera seguirme el rollo y se sintiera tranquila en esas partes.

Para que lo viera todo lo más real posible, no cogí el móvil entre mis escenas para escribir en el blog, ni hice fotos. Eso sí estaba tan pendiente a la pieza que pude ver una vez más la extrema, extraordinaria y maravillosa naturalidad que Pepa sabe dar cuando se sube a un escenario. Esta obra entre ensayos y representaciones, perfectamente, puedo haberla visto unas 30 veces, pues Pepa, aún puede dejarme con la boca abierta con su naturalidad.

Tras ese pase en el que creo que conseguimos la compenetración y el enganche que necesitamos entre Sofía y yo, paramos. Trabajar con ella fue fácil pues rápidamente consiguió adaptarse a la pieza, a mi personaje y a mí como actor y yo a ella. Además incorporó cosas nuevas que llenó nuestra relación de  matices muy chulos.

Acabado el pase, Fernando le dio indicaciones a Sofía, Pepa salió a descansar y yo a hablar por teléfono, una vez listos, hicimos otro pase completo, de nuevo lo di todo y de nuevo resultó todo guay. Eso sí, está vez si hice algunas fotos del ensayo, me puse a jugar con un elemento del atrezo al cual volví loco y lo más importante, me quité la espinita del ensayo anterior pues creo que pude apoyar a Sofía, además los pases se me hicieron muy cortos.

Mientras Fernando nos daba indicaciones sobre este pase, yo me preparaba para el tercero, pero vi a Pepa guardar nuestras sillas y eso hizo que me percatara de que el ensayo concluía.

Próximo, el miércoles, un día antes de irnos a llover a Granada. Como la actuación era muy temprano, llegaríamos muy justos de tiempo, no nos daría lugar a un pase antes de empezar y Fernando quería que se hiciera uno completo el día antes para que Sofía, la nueva, calentara y recordara bien la pieza antes de actuar.

Esta vez lo celebramos a las 15:45 en La Caja Blanca, el miércoles 20 de noviembre del 2019. Como dije antes esto no fue ni una lluvia, pues fue llegar, saludarnos, entrar, montar las sillas, hacer el pase completo, recoger las sillas, quedar para el día siguiente e irnos, 50 minutos justo de ensayo.

De este recuerdo, que de nuevo lo hice tal cual lo hago en escena, intenté darlo todo para apoyar a Sofía pero si es cierto, que me noté un poco acelerado. Esta pieza la controlo tan perfectamente que puedo realizarla sin problema, pero con la cabeza en otra parte. Esta vez me rondaban tres preocupaciones: “¿Me daría tiempo llegar a  hora para dar mis clases?, ¿Cómo me voy a levantar mañana que debo hacerlo a las 6:00? y ¿Me pondré mañana muy nervioso en los tiempos de espera entre escena y escena, sentado en las sillas y quieto frente al público?.”

Antes de concluir la entrada, quiero comentar recuerdos que me llegan, como que salí del cole y me metí en un DIA para comprar mi almuerzo, que después de mucho buscar me compré una enorme pero horrible y seca napolitana de jamón y queso, que fui caminando a La Caja Blanca con un viento horrendo, un cielo nublado y me cayeron algunas gotas, que de camino descubrí y visité un bazar oriental enorme y estuve buscando adornos navideños, que como no me gusta viajar iba preocupado por los dos viajes seguidos que debía hacer a Granada, que llegué al lugar del ensayo, después de perderme y andar más metros, y este estaba cerrado y esperé sentado en un escalón casi congelado y que al final llegué a mis clases casi 10 minutos antes y como dijo Pepa, que me alargó en su coche, yo era un Teleteatro pues iba haciendo teatro de un lugar a otro. 


lunes, 16 de diciembre de 2019

CURANDO LA RESACA EN EL "LABERINTO."


Os dije que mi viernes, 16 de noviembre del 2019, estuvo muy relacionado con Chorus Line, pues el día siguiente, sábado 17, también lo estuvo. 

Si el viernes coincidieron los estrenos del musical y de Proyecto Victoria . El día siguiente fue el de la resaca, resaca que nosotros vivimos encerrados en nuestro propio Laberinto.

La mía fue una resaca metafórica, pues aún tenía la sensación de los nervios y alegrías vivida el día antes, pero en cambio la de mi compañero , Javi, fue más real, pues él sí estuvo en dicho estreno de Broadway malagueño y se fue a la cama de madrugada. Además durante el ensayo, dicho musical fue nuestro tema principal de conversación.

Ese día por asuntos varios, Javi, no pudo recogerme y me marché al ensayo yo solo y en tren, hasta Torremolinos, concretamente a la casa de la cultura, donde una vez más, sobre ese escenario negro, pequeño, íntimo y coqueto nos pusimos a ensayar.

Aunque si somos sinceros, el que parecía más resacoso de los dos era yo. La resaca de Javi era física, o sea, que estaba cansado, pero fue empezar y reponerse, la mía era mental pues no daba pie con bolo.

Como siempre os digo, el llegar juntos al ensayo, en su coche, nos genera, ponernos al día, charlar de nuestras cosas, coger confianza y crear un vínculo o lazo que cuando nos subimos a escena ya está caliente y nos viene perfecto para iniciar la pieza, pero cuando nos vamos separados, cada cual llega pensando en lo suyo y sin a penas hablarnos empezamos a actuar y se nos nota frío, nos falta esa vinculación inicial que es muy necesaria y está vez como no la hubo, empezamos con dicha frialdad, que unida a las dos resacas nos llenó el principio de soseria.

Empezamos repasando y realizando la pieza desde el principio, pero llegó un momento donde nuestro Laberinto se convirtió en un autentico laberinto, fue un volver a atrás. Llevaba tantos días haciendo, estudiando y organizando  cosas que la parte nueva del texto decidió viajar y abandonar mi cabeza.

No me pilló de sorpresa la verdad, pues hubo muchas indicaciones de que eso iba a pasar, pero no fue óbice para sorprenderme, sentirme incómodo y un poco ridículo, pero bueno…

La parte nueva que íbamos a trabajar, ya en serio, después de haberla montado en nuestras primeras jornadas de trabajo, era mi favorita, es esa donde más me identifico con el personaje, donde personalmente llegó más rápidamente a la emoción y por tanto la que más me encanta hacer.

Ese texto, magnífico, tuve el placer de estudiarlo en los atardeceres de verano, tumbado en la arena y oyendo las olas del mar, así me lo aprendí y para decir verdad muy bien. Cuando llevamos a cabo las jornadas de montaje de dicha parte me lo sabía a la perfección, veía imágenes sobre lo que hablaba, llenaba cada palabra de sentido y me asaltaba la emoción.

Después ya no la tocamos más, pero yo confiaba ciegamente en mis neuronas, y cuando muy tranquilo, el jueves 15 de noviembre del 2019, me dispuse a recordarlo, caí en la cuenta que me sabía muy bien el sentido de cada parte del texto, pero las palabras exactas habían huido de mi cabeza.

Y como el viernes fue un hervidero de emociones, no pude estudiar, así que muy confiado, me dediqué la mañana del sábado, 17 de noviembre del 2019, a repasarlo antes de salir al ensayo y claro está el fracaso fue absoluto, no recordaba nada, así que llegué al ensayo con mi mente en blanco, cosa que demostré cuando llegó el momento de ensayar dicha parte, o bien me saltaba cosas, o  leía el texto, o Paco tenía que apuntarme y aunque aguanté el tirón, fue un poco triste pues, no hubo emoción, ni imágenes, ni nada. Ahora que había que trabajar el texto bien, yo hablaba como un chaval cuando no se sabe la lección, no era que no me sabía lo nuevo, sino que me había olvidado lo ya aprendido. Ni Paco dijo nada, ni Javi dijo nada, pero para mí fue una sensación extraña eso de ir para atrás, claro como estaba de resaca.

Esto lo escribo mucho después, casi un mes, así que no recuerdo mucho de lo que ocurrió, pero vamos que esto fue lo esencial, bueno eso y que me fui con una inseguridad horrorosa en plan : “¡¡¡YA NUNCA ME SABRÉ ESTE TEXTO COMO ME LO SABÍA!!!”. Así soy yo de dramático o teatrero que le vamos a hacer, puesto que esa sensación es totalmente cierta.



miércoles, 11 de diciembre de 2019

ANTONIO BANDERAS VERSUS LOLO MARTÍN.


Además de nacer en la misma ciudad, de compartir  profesión, él evidentemente con más éxito que yo, y de que los dos nos volvemos locos cada vez que suena un tambor o un trono sale a la calle, Antonio Banderas y yo tenemos otra cosa más en común y es el 16 de noviembre del 2019, viernes, ya que ese día fue muy importante para los dos, pues nos jugábamos muchas cosas. 

Ambos estábamos de estreno, él con su musical Chorus Line y  yo con el Proyecto Victoria, para él no era su primer estreno, claro está, para mí tampoco, pero ambos nos jugábamos mucho, él por primera vez estrenaba algo suyo, en su ciudad natal y  en su propio teatro y yo por primera vez estrenaba una obra para una productora. El trabajo de un mes iba a ser puesto en escena para la persona que  encargó la pieza y que desde ese momento se debía dedicar a venderla, pero por supuesto, la vendería si confiaba en ella, y para ello debía  gustarle lo que le ofrecíamos si no, nada, así que ambos teníamos los nervios de un estreno, más los extras por ser un estreno especial.

Antonio sabía que tenía parte del éxito asegurado, pues muchos amigos iban a dicho estreno, yo también sabía que tenía el éxito asegurado con la productora, pues sé que le gusto un montón, pero por otro lado Chorus Line iba a estar en el punto de mira de todo el mundo teatral, de los críticos y de la prensa y aunque él lo había vendido como algo grandioso para los entendidos quizá no era así,  por tanto, corría un gran riesgo y lo mismo me ocurría a mí, yo estaba feliz con el proyecto y a todo el mundo le hablaba de él con gran ilusión, pero CHL invitó a tres amigos de él, muy entendidos de teatro, dos conocidos míos y otro muy amigo, para que vieran la pieza y así tener una reacción objetiva del público, saber si nuestro trabajo funcionaba o no y para tener una visión crítica del mismo. Eso me daba pavor, ambos íbamos a ser mirados con lupa esa tarde.

Él estrenaba creo que a las 20:00 en el Teatro Soho CaixaBank y yo a las 17:00 en el aula P19 de la ESAD de Málaga, anda mira otro punto en común, ambos nos formamos en el mismo lugar.

Yo venía de una mañana pletórica, pues la Presidenta del AMPA de uno de mis coles me había pedido hacer una función con mis niños para todo el colegio, esta se había realizado esa mañana y no solo había sido un gran éxito sino que mis niños y niñas se habían vuelto locos de ilusión y de alegría, con lo cual volvía eufórico para casa, pero eso sí, con el tiempo justo de ducharme, hablar con la familia, almorzar y dirigirme a la ESAD, donde las 15:30 estamos citados. Fui caminando y oyendo música muy alegre, porque pese a los nervios deseaba mucho actúar, pasarlo bien y demostrar un trabajo bien hecho.

Es curioso porque yo sabía, como "director", que la pieza montada con mis niños estaba bien trabajada, ellos lo tenían todo claro e iba a salir muy bien, en cambio ellos estaban muy nerviosos y antes de salir me lo hacían ver y yo, en cambio, súper relajado les daba confianza y les decía que no entendía sus nervios, pues luego por la tarde, en el aula P19 de la ESAD, volvía a repetirse la misma situación pero esta vez yo era el nervioso y el inseguro y mi director, CHL, el que ocupaba mi puesto de seguridad y confianza. Fue por eso por lo que tras la representación me fui al centro de Málaga para cotillear sobre el estreno del Banderas y mientras la ciudad hervía, había música, fotos, periodistas, fans, gritos, famosos, alfombra, júbilo, alegría y glamour, pensé:" Todo esto es muy bonito pero el Antonio Banderas persona, humano y actor ahora mismo estará en su super camerino de lujo pero con los mismos miedos, inseguridades y vértigo que sentía yo hacía unas horas.",  por tanto, esa tarde me sentí muy mimetizado con él, pensaréis que estoy loco porque él no sabe ni quien soy, pero ese día me di cuenta de que todos estamos en la misma profesión y unos a unos niveles y otros a otros, la esencia es la misma, y él se sentiría tan vulnerable como yo, por eso pienso que esa tarde, en cierto aspecto, fue igual para ambos.

Pero no todas son similitudes entre Antonio Banderas y yo, puesto que hay también muchas diferencias como; nuestros currículum, nuestro éxito, nuestra cuenta corriente y por supuesto lo que hicimos ese viernes, él representó un estreno por todo lo alto y lo nuestro era un estreno para andar por casa, o sea, era una primera prueba, en bruto, del espectáculo montado, se hizo para que la productora tuviera una idea de lo que se iba a vender, pero no teníamos escenografía, el vestuario no era el definitivo, el atrezo tampoco, además aún quedaban cosas  por pulir. Esta es una pieza que va a crecer y mucho cuando se haga con el público y cuanto más representaciones llevemos más viva va a estar, así que la de esa tarde fue solo una aproximación, pero ¿Cómo me sentí? Pues os cuento.

Llegué el segundo a la cita, allí ya estaba la productora, hablé con ella y al rato lleguaron el director y mi compi. Nos dejaron solos y tras algunas indicaciones del diré, empezamos, ya solos la compi y yo, a montar, a ensayar, a repasar lo que llevábamos peor y a hacer un pase completo y rápido de textos y movimientos, por cierto, no estuve muy lucido, durante el mismo estaba realmente nervioso y mi compi me tuvo que calmar varias veces, poco a poco  se acercaba la hora de empezar, las ganas podían a los nervios y empezamos.

En cuanto empecé noté, que al igual que en el último ensayo, íbamos muy acelerados, pero esta vez fui consciente de ello y empecé a reducir velocidad. Después poco a poco todo fue fluyendo y me lo pasé muy bien, las cosas salían solas, el mini público lo pasó muy bien, eso me animó y creo que lo acabamos muy bien o yo me sentí así. De nuevo digo que estuvo muy bien para lo que era, una representación en bruto, una primera visión, pero era solo un punto de partida pues esa pieza puede crecer hasta el infinito y más allá.

Otra cosa que nos diferencia o más bien que no sé, es cual fue el momento del día para el Banderas, si el saludo final, si la fiesta posterior, si el salir a escena, pero para mí fue la conversación por audios de WhatsApp que mantuve con el director bien entrada ya la tarde/noche, donde hablamos claramente de esa representación, de la pieza, del trabajado realizado, de mi personaje etc, fue una conversación muy gratificante pues estaba llena de verdad, con sus luces y sus sombras. De ella destacar que nos puso un bien alto y no un notable alto como el día anterior y que me dijo que mi personaje nada tenía que ver conmigo y eso sí que me llegó.

Pues nada esa es mi crónica de los estrenos de Proyecto Victoria y de Chorus Line, por cierto, aunque de lejos, esa tarde conocí a Almodóvar, ojalá que algún día esté director también sea una cosa en común entre Antonio Banderas y un servidor.

Espero que nadie se ofenda por la osadía de compararme con él y lo importante larga vida a ambos proyectos. 








lunes, 2 de diciembre de 2019

LE LLOVIÓ METROS A LA LAGARTIJA SIMÓN.


Siempre digo que las cosas hay que escribirlas cuando suceden, porque si esperas mucho tiempo la idea principal o el sentimiento se pierde, pero es que en estos últimos 15 días he hecho tantas cosas, he vivido tanto, con tanta gente diferente, con tantos estilos de trabajo y todo tan seguido, que me ha sido casi materialmente imposible escribir en el blog, ni siquiera a sucio, pero además era tal el cúmulo de ideas, de cosas pendientes, de textos, de todo, que mi cabeza no daba para más y ahora que estoy más libre y lo veo todo desde otra perspectiva, quiero relataros lo vivido esos días.

Voy a empezar donde lo dejé, en el  miércoles 13 de noviembre del 2019, que fue el día del doblete, pues si a las 13:10 concluía un ensayo, casi 7 horas después, empezaba otro, eso sí en medio había estado almorzando y dando clases.

Este ensayo fue para Lluvia fina, en un principio y por imposibilidad laboral de un compi, no estaba programado, pero al final se celebró, al ser todo tan improvisado no teníamos donde llevarlo a cabo y lo hicimos en la casa de dos compañeros.

Quedamos una vez acabadas las obligaciones laborales de todos, esto es, sobre las 19:30. Yo salí de mis clases y caminando despacito me dispuse a ir a nuestra cita, celebrada por la barriada de La Roca.

Como dije, ensayamos en la casa de dos compañeros y dicha casa fue el eje principal de dicho ensayo, bueno solo para mí, al resto de compañeros les daba igual pero no a mí.

Tan importante fue esa casa, que hasta el personaje de Simón que lo tengo trabajado y lo ando representando desde el año 2014, lo trabajé desde un enfoque nuevo, el de la animalización.

Esta es una técnica a través de la cual, trasladas las características de un animal a un personaje, pues bien yo  usé, esa tarde, para llegar al personaje de Simón, la lagartija, ya que me pasé la  hora, casi, de ensayo que echamos, pegado a la pared, pero literal. Dos compañeros ensayaban, otro estaba sentado y  yo pegado a la pared y agarrado al pomo de la puerta, y todo debido al eje del ensayo, es decir, a la casa.

La casa no es que fuera un palacio cargada de lujos y obras de artes donde se me iban los ojos, tampoco un cuchitril donde no me atrevía a tocar nada, al contrario la casa era súper acojedora y me trataron como un rey, la culpa de todo la tenía el arquitecto de la misma.

Veréis me pasó como en la canción de Chambao y esto es real, me equivoqué, de calle, me equivoqué sitio, me equivoqué de número de bloque, me equivoqué de piso, y al igual que la protagonista de la canción, pegué al portero, me abrieron y ahora viene lo bueno, no era un piso excesivamente alto, pero salgo del ascensor y la planta estaba construida como los antiguos corralones, un enorme patio en el centro de la planta y todas las casas alrededor, con lo cual salgo del ascensor y me como todo el precipicio, pego a la puerta de la casa, me abren, me dicen que allí no es y me cierran y allí me quedo solo, al lado del boquete, el ascensor que no venía y sin ver escaleras para bajar y como odio las alturas, me agobié un poco, más bien mucho y claro cuando ya llegué a la dirección correcta ya iba un poco nervioso de la altura y de nuevo la misma operación, salir del ascensor y el boquete. Por tanto, entré en la casa y no me quise ni mover.

Cuando llegué, Fernando y Sofía ya estaban ensayando, y yo  junto a Pepa que se portó genial, esperamos. Al acabar estos, empezamos un repaso de la pieza entera.
Por sugerencia mía y para no estar ahí mucho rato, se hicieron solo las escenas donde sale la chica nueva. Hicimos la primera, y yo intentando en todo momento buscar la pared, lo hice rápido y casi para marcar, después vino otra donde no salgo, la siguiente fue la otra mía donde ya me sentí más tranquilo, es más al acabar incluso le di consejos, indicaciones y repetí algunas frases para que la pobre actriz pudiera asentar cositas, y de nuevo a esperar, pues se inició la última escena, donde la principio no salgo pero si al final, se hizo y creo que Fernando pensó repetir algo más, pero Sofía, pidió no hacerlo por mí, cosa que le agradecí de corazón, Pepa asintió y así se hizo. Ya estaba más tranquilo así que empecé incluso a hablar y socializar.

Acabado el ensayo, todos los componentes de la pieza nos fuimos, pues los dueños de la casa tenían que salir y empezaron los dos momentos más bonitos de la tarde y que quiero recordar. Pepa salió a pasear a su perro y yo la acompañé, qué graciosa, pero a la vez qué maternal es esta mujer y que objetiva y clara con nuestra profesión. Cada conversación con ella me llena de energía y de conocimiento.

Cómo eran las 20:45 y no quería ser pesado dejé a Pepa y como tampoco quería irme a casa, me fui a dar un paseo ralajante, tranquilo y cotilla por el Continente Rosaleda donde la sesión de quesos y Navidad me causaron sensación, de hecho de Navidad compré algo.

Pues nada tras superar la altura, ensayar y hacer todo lo programado para ese día me iba satisfecho a casa.