Llegué a tiempo y empecé. Estaba contento, y tranquilo, sabiendo a lo que me enfrentaba y después de hacerlo la semana anterior, sin ningún tipo de estrés sino con normalidad.
La primera canción, con la que se inicia la cena, fue un anuncio de que todo iba a ir de perlas, porque estaban arriba del todo, o sea, dispuestos a disfrutar. Esta gente mola, pensé, son participativos, lo que no sabía es que lo eran tanto.Cuando empezó la 2, comenzamos a hablar y se oyó algún que otro comentario, después algunas voces, luego otras, algunas charlas y al final se generó un murmullo.
Un murmullo constante, que hizo muy difícil que la escena tuviera el empaque que siempre suele tener.
La anterior, la 1, fue normal, además cumplí el proposito que me hice la semana anterior, el de ir más despacito, disfrutar, para así masticar más el texto y al personaje. Lo hice y quedó muy bien.
Al final de la escena hubo falta de texto, que acabó en silencio.
Uno de los compañeros nuevos, no supo por donde ir, le hice una pregunta improvisada respondió, luego hubo otro silencio insistí y en vez de decir la frase final y acabar, puesto que nadie decía nada, guardé silencio, esperé y se hizo un momento incómodo sin sonido alguno y ya yo cerré la escena.
El primer acting se hizo, pero en cuando estaba en el desarrollo del mismo, sentí una tufarada de que ahí no iba a haber mucha conexión.No sé algo sentía de que no había una especial conexión, o no sé, sería también porque el lugar donde yo estaba había luz y muy cerca del trasiego de los camareros, no sé.
De hecho a mitad de la pieza, después de muchos acting escribí esto:
" Los actings los veo muy así, hablan entre ellos mucho, se cuentan lo que pasa y se pierde la sorpresa. No podemos controlar, no he conseguido crear ambiente. "
Repitiendo el patrón de Granada, quise iniciar los mismo de forma anónima, para luego gamberrear siendo Víctor, con los comensales y crear ese ambiente festivo, pero como ellos ya de por sí estaban tan animados me dio miedo subirlos más.
Si cuando dije las pocas frases que hay en medido de los 2 acting de la escena 2, hablé con camareros sirviendo, otros recogiendo, gente hablando. Vaya un lío.Y aunque no recuerdo en qué escena fue, creo que en la 9 o la 10 o en las dos, se hizo, mientras actuábamos, un extraño y casi milagroso silencio sepulcral, parecía que estábamos en el Teatro Real de Madrid, nosotros o al menos yo ya estábamos en un nivel de grito, que no me sentía ni contento, ni dentro del personaje, no había atmósfera.
Mi cabeza y lo recuerdo especialmente en la escena 10, era: " Mira adelante, no te sientes así, inventa gestos, aunque pierdas realidad para hablar mirando adelante siempre para adelante y proyecta, proyecta, mucho para que se oiga en todo el comedor", así mi cabeza no estaba en el personaje.
Ante el murmullo ambiente que se había instalado en el comedor, mi compañera Stela, nos repetía una y otra vez, con gestos, que subiéramos el volumen. Cuando se acercó a mí y me dijo que subiera, algo con lo que jamás he tenido problema, me disloqué.
Una de las reglas básicas de primero de teatro, es que el mensaje llegue y el público oiga sea como sea, y no cumplir ese principio me parecía imperdonable y subí.Digo que si subí y subí y subí y subí la voz e inconscientemente. En las 5 escenas que me quedaban solo me preocupé por eso, por subir la voz.
El mensaje iba a llegar sí o sí, aunque eso inconscientemente me llevara a descuidar los tonos, las entonaciones, la naturaleza del personaje o la situación que estábamos viviendo. En la diez se me fueron "s" y "z".
Por ejemplo recuerdo en la 6, dejar de hacer unas frases que hago agachado, ponerme de pie, o mantenerme, pero mirando hacía arriba para que se me oyera y desnaturalizando así la acción, o en la 7 recuerdo ir como pollo sin cabeza de un sitio a otro, marcando mucho el texto, pero perdiendo la magia y encanto de la misma y por último la 9 que es un crecimiento poco a poco hasta un climax de tensión, empezó tan alta que fue una pelea de gallos ( esto último lo sentí yo, pero luego sin preguntar, la compañera me hizo el mismo comentario).
Eso sí estrenamos a dos compañeros, cover de los principales, que me gustaron.
Como estaba agotado pasé la escena 4 sentado en el suelo oyendo y Martín improvisó mucho, pero no en el mal sentido, en el de meter texto extra porque no se sabe el real, sino, que lo adornó con matices y bromas. Mimó mucho el texto y lo cuidó con detalle y Carmen, los textos impresionantes como si llevara toda la vida haciéndolo.
Asi que fue una cena buena, porque ellos lo pasaron genial, que es el fin, para mí fue agotadora porque fue dura.
CRÓNICA DE LA CENA DE LAS EMOCIONES. SEVILLA, SABADO 25 DE ENERO DE 2025.