Por eso creo que el
miércoles 29 de julio del 2020, cuando Dani, Emilio y yo volvimos a reunirnos y
entramos en La Finca El Portón de Alhaurín de la Torre, tras un viaje en coche
donde la risa y los abanicos fueron los protagonistas y un paseo hasta el mismo donde sudé lo inimaginable (vaya verano), todo fue muy bonito. La creatividad se me
puso a flor de piel y empecé a empaparme de todo, a no perder detalle y a
crear. Mi boca era un hervidero de ideas, hablaba y salían, iba creando,
organizando y preparando, sin pensar, las escenas, las posiciones, las ideas de dialogos y todo desde cero. Mis compis o me querien mucho o les parecía bien, pero a todo me decían que sí.
Y hablando de la entrada anterior os dije que teníamos carta blanca, que la única condición que nos pusieron fue la moraleja de la historia y, se me olvidó comentarlo, el tipo de personaje que haría Dani, pero por lo demás libertad. Antes os he mentido. No partí el miércoles desde cero para crear, pues la noche antes, tras la cita en la plaza de las Flores, esbocé una idea de historia, qa mis compis les gustó y el miércoles lo que hice fue desarrollarla.
Lo primero que hicimos fue una visita detallada con Emilio, donde nos enseñó todo el lugar, a continuación nos dejó libertad de creación y fuimos buscando localizaciones para las escenas, encuentros, saludos, despedidas, entrada del publico, juegos, enseñanzas y el final. Bueno el sitio del final fue verlo, enamorarme de él y decidir que sería allí.
Ordenamos las partes de la historia, según veíamos las localizaciones, pero Emilio después de tenerlas todas ordenadas y por un tema puramente
logístico, pidió cambiarlo todo y así lo hicimos. Reubícamos toda la historia,
cosa que hicimos en menos de un minuto y creo que al final va a quedar mucho
mejor y más bucólico con la nueva estructura.
Es un lujo cuando te
ofrecen un escenario natural, bellísimo y te dicen que es tuyo y que lo puedes usar y
montar como quieras. Pues claro te dicen eso y te sientes como un niño recién entrado a Disney
que no sabe por donde tirar, ni a donde ir, ni que mirar, pues quiere
aprovecharlo todo.
Además, tenemos la
suerte, porque yo se lo pedí a Emilio, que no se entrelazaran los grupos, sino
que hasta que no se fuera uno, no entrará el otro y eso da lugar a que los personajes puedan interactuar entre ellos.
Cuando me encargan un
proyecto, siempre, lo que me preocupa más es completar el tiempo que me han contratado.
Esta vez el espectáculo tiene que durar 45 minutos. Y la verdad que salí muy
tranquilo de la finca puesto que antes de irnos, Dani y yo, hicimos un vídeo donde realizamos el recorrido y mientras, contábamos, de forma rápida, qué escenas se realizaría en cada sitio y de qué tematica se hablaría y solo eso duró 12 minutos, así que cuando haya textos, personas, desplazamientos, entonaciones, juegos, etc llegaremos a los 45 sin problema.
Acabamos la tarde
visitando unos lugares muy característicos del pueblo. Así que entre el lugar,
el desplazamiento, las bromas y las risas con Dani y el arte de Emilio, más
que un trabajo aquello fue como una tarde de excursión.
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