jueves, 22 de diciembre de 2022

EL CUENTO SE FUE. LA SOLEDAD DEL EMPERADOR.


Pues igual de digno, pero por dentro diciendo tierra trágame, que salí del museo, crucé los 140 metros que separaban el museo Revello de Toro de la calle Postigo de San Agustín ( vamos donde está el auditorio del Museo Picasso), a mí no me gusta mucho ir andando por la calle vestido de personaje, pero tampoco me importa, si hay que hacerlo pues se hace y punto.

Pero es que este personaje sacado de contexto da muy mal rollo. 

En el cuento es un emperador egocéntrico, soberbio y pagado de sí mismo, algo ridículo que es engañado porque le han vendido un traje que no existe, pero fuera de él es un tío con la cara blanca, paseándose por calles estrechas y oscuras, envuelto en una capa de seda mostaza sin nada debajo, solo una extraña ropa interior, así que la pinta de un exhibicionista truculento no se lo quita nadie.

La capa blanca y las pieles del año pasado me daban un aspecto más de rey, pero la de este año es al ser de seda y mostaza, se asemeja a una bata de diva gay de los años 40, que a mí me encanta como queda pero que para pasear en  Navidad por la calle, es susceptible de ser parado por la policía, pues es un poco sórdido.

Bueno pues llegué a dicha plaza y cuando estas en un lugar donde a tu espalda tienes la tienda de recuerdos del Museo Picasso, a tu derecha el centro de estudios del Museo Picasso, frente a ti el auditorio del Museo Picasso y a tu izquierda las oficinas del Museo Picasso, pues  te viene la pequeña sospecha de que esa plaza pertenece también a ellos, que tu estás como un poco conquistando un espacio que no es tuyo y  tienes una cierta premonición de que un momento a otro, alguien te va a invitar a marcharte  y más cuando esa noche se celebraba un evento y todos los "pijossianos" deambulan por allí, así que para que no me pusieran colorado, me escondí en la callecita.

Quedaban más de 20 minutos para iniciar el primer pase.

Con la seguridad de tener ya todo amarrado y  más que amarrado, empecé a hacerme fotos para Instagram, para el blog etc, fue entonces cuando decidí grabar un pequeño video con parte del monologo.

Entre el sueño del bus, la prisa por hacerlo todo, el morbo del reto de llegar a tiempo etc. Había tenido la cabeza muy entretenida y me había hecho olvidar algo, que volvió a mi cabeza, como un jarro de agua fría. 

A veces la vida te hace vivir episodios inesperado que te trastoca un poco la realidad y yo estaba viviendo un momento de esos, que había de desaparecido por unas horas y de pronto volvió a mí.

Empecé a grabar, a hablar pero el texto no estaba, este se había ido de mi cabeza, saltaba de unas frases a otras sin mucha lógica aparente. Corté de grabar y empecé a tomarme en serio hacer un repaso. Me lo sabía pero cuando más intentaba recordar, menos me salía y menos y menos. Debía ponerme al día, abstraerme de la realidad y volver a mí punto de partida en cuestión de minutos. 

En esto apareció María José, me aclaró la posición exacta donde debía esconderme que era contraria a donde estaba y me guardó el móvil. Gracias.

Me comentó que el otro cuento ya había acabado y venían por un camino muy corto hacía mí.

Volví a sonreír como a la vigilante, totalmente falso y me fui a esconderme.

¡¡¡ No tenía el texto!!!. ¿Qué hacía ahora?. 

Pues nada, ya escondido y esperando que llegaran, volví a repasar, pero ya mi propia inseguridad, me generaba más inseguridad y claro el texto no salía pues cada vez que iba a decir una palabra, a mi cabeza venían  mil dudas que me hacían olvidar lo que tenía que decir.

Poco a poco el texto fue saliendo pero de una forma volátil, sin peso alguno.




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