Creo que el título, de la entrada, es bastante clarificador. Os voy a hablar del ensayo general, que esta
noche, de jueves, 28 de septiembre del 2017, ha tenido lugar en el cementerio de
San Miguel y donde hemos ensayado, por última vez y con público, esta edición de Noches de verano en San Miguel, dedicada a la filantropía, por cierto, ha sido, también, mi vuelta
oficial a dicho espectáculo después de casi un año de ausencia.
La vuelta ha sido agridulce. Agri
porque no estoy muy contento con mi personaje y dulce porque volver a estar y
trabajar con esos locos compañeros es un placer.

En este ensayo general se han invitado a pocas personas, casi todas eran conocidas o amigas, eran unas veinte, pero la reacción de todos ha sido de frialdad. Al acabar el pase, todos han venido a saludarme, siempre con mucha amabilidad, con cariño, con sonrisas, pero ya digo fríos y eso unido a que tampoco había acabado muy contento...

Pero vamos que ya se dice, mal ensayo general, augura gran
estreno, por tanto, esto no es una derrota sino un:" Mañana más" solo hay que trabajarlo
mucho mejor.
Llegué al cementerio a las 20:20, esto es, cinco minutos
después de la hora citada, pero muy orgulloso, porque creí que no llegaba,
entre las llamadas de última hora y el estrés, que tenía encima, pensé que no
llegaba.
Como siempre digo y dice mi hermano, no se pude tener
expectativa de nada. Yo pensaba irme, pronto, al cementerio. Paseando, oyendo
música y dejando mis entradas para el blog, listas, pues nada fue así.


De hecho los 20 minutos de trayecto, desde casa al cementerio, los pasé enfrascado en esa conversación, por tanto, llegué al cementerio que me subía por
las paredes.
Se nos había planteado: llegar y ponernos a ensayar, pero no
fue muy así.

Después me vestí y empezamos esta especie de
"ensayo". En cuanto se fueron las anfitrionas y comenzó el ensayo
general, nosotros empezamos a ensayar, lo nuestro, pero de nuevo hubo cosas que
no entraron a tiempo, otras que faltaron, compañeros que iban a los suyo y la
verdad que fue un poco raro. Además era un ensayo, pero como siempre, había
publico dispuesto a ver, a comentar, a dar su opinión y a disfrutar de una
actuación. Cuando se ensaya no estamos actuando, solo ensayando, eso aquí se
entiende poco y a mí me agobia mucho, porque esperan mucho de ti y no te dejan
trabajar sino demostrar.
Tras ese primer ensayo, donde me equivoqué con el texto mil
veces e improvisé otras mil, entre otras cosas porque iba con los ojos
cerrados, ya que mi personaje es invidente y no paraba de oír comentarios y
risas, de los que nos estaban viendo, algo que me parece horrible porque me
desconcentró mucho.
Acabado eso, queríamos volver a ensayar, pero, todo, se dio por
bueno. Yo me quedé muerto. Además, una compañera se fue y no pudimos ensayar
más. Menos mal, que estaban Toni y Lulú y nos pasamos un buen rato, sentados, charlando, riendo, gamberreando y contándonos nuestras penas profesionales.
¡Qué me gusta a mí esa pareja! Además Lulú iba ayer de lujo.

Fue meterse de cero a cien en un personaje,
como solía hacer en el Botánico, pero allí estaba todo preparado pero aquí al
contrario y además había miles de compañeros que te conocen, mirándote. Te
quieren y esperan mucho de ti, tú no les quiere
fallar, pero sabes que no lo tienes todo contigo, por todo ello, me
sentía muy vulnerable.
En este grupo de teatro, me gusta controlar lo que pasa a mi
alrededor, porque si algún compañero se pierde o pasa algo imprevisto, muy
usual, yo improviso y relleno pero, este personaje al ir con los ojos
cerrados, yo era el rival más débil y no podía solucionar nada. Todo me
sobrepasaba. Dije el texto, cuadramos el
tiempo y fin. Pero eso fue muy feo, muy frio, muy poco natural y me hizo
sentir mal.
Al acabar ya digo, frialdad por parte de los compañeros-publico, por mi parte y sobre todo enfadado conmigo mismo y con ganas de recoger pronto e irme.