sábado, 4 de septiembre de 2021

UNA RACHA DE KMS Y CALOR.

 

Pues me gustó a mí eso de no irnos a Campillos muy temprano. El año anterior se salía de casa con el último bocado del almuerzo en la boca, pero en este primer día de función del 2021, salimos sobre las 17:00 h, con lo cual dio tiempo a almorzar, recoger la cocina e incluso descansar un poco.

El miércoles, 14 de julio de 2021, se iniciaba el festival de Candilejas de verano de Campillos 2021, y el encargado de llevarnos a dicha localidad,  fue Juan. Él que es una de esas personas que ya no quedan, es decir buena persona, salió a las 16:00 de Benalmádena, de estar toda la mañana trabajando, se duchó, se vino a Málaga a recogernos y a reglón seguido nos marchamos para Campillos y siempre con una sonrisa en la boca, buen rollo y ganas de cachondeo.

Según en Google Maps, caminando de mi casa al lugar de la recogida, la gasolinera de Las Chapas, había 17 minutos, pues alguien falló, o la aplicación calculando el tiempo, o yo que iba a un paso más lento del requerido por la aplicación o que como eran pocos minutos de camino, me entretuve más de la cuenta y salí muy justo. 

No sé cual sería la opción ganadora, pero como todos me conocéis, con seguridad fue la tercera.

Pues llegué no tarde, tarde a la cita, pero si un poco retrasado, el tiempo suficiente como para que mis compis ya estuvieran dentro del coche, menos Juan que estaba comprando una botella de agua, que previamente yo también le había comprado. 

Ocupé el asiento que quedaba y por supuesto el último hueco para guardar mi bolsa, eso por llegar retrasado,  todos dentro, emprendimos el camino. 

Pese al calor e ir cargado con una gran bolsa que contenía mis casi 10 cambios de ropa, que incluían 2 tipos de calzados, 3 pares de pantalones, camisas, corbatas, chaquetas, jersey y hasta un pijama y una bata, el camino no se me hizo, ni muy largo, ni muy pesado, creo que porque es el que hago normalmente para ir al cole, no llegué ni cansado, ni acalorado. Pero fue subirme al coche y empezar a sudar  pero a sudar, pero mucho me quedé empapado.

Menos mal que no sé en que momento, se me ocurrió echar mi pequeño abanico en el equipaje. No lo iba a echar pero lo hice, y este me salvó la vida.  Porque al estar tan húmedo me hubiera agobiado mucho y hubiesen tenido que parar, prometido. 

Luego vino el caos para salir de Málaga, porque el GPS de Juan se volvió un poco loco y nos quería hacer un tour por la ciudad, entonces Manu tomó la rienda del viaje. Salimos por el Camino Suárez, pero dicha salida fue un poco caótica. Vamos aquello era un "tonto el último", o salíamos o nos arrollaban.

En ese momento caótico, mi mente también se volvió así,  porque recibí por parte de un compañero una muy buena noticia, pero personalmente nunca llegué a saber si lo era o no.

Pues pasado todo esto y con el aire acondicionado puesto, los chicos de El Terral, pues íbamos, Juan, Álvaro, Manu y yo, iniciamos el viaje. 

Un viaje muy placentero, porque donde esté Juan presente el buen rollo es el protagonista y esta vez no fue una excepción. Hicimos un repaso con muy mala baba y mucho humor de su carrera audiovisual y sus despistes. ¡¡¡ Qué bien lo pasamos!!!.

Y casi 60 minutos después y 54 km a las espaldas , llegamos casi sin darnos cuenta a Campillos.

No iba a Campillos desde hacía 11 meses y 6 días pero parecía que no habían pasado ni dos horas, ya que Juan aparcó en el mismo lugar donde lo hizo María el 8 agosto del 2020, es decir, en un lateral del Colegio Público Manzano Jiménez. 
Aparcó, nos bajamos del coche, cogimos los bártulos y  nos fuimos para el cole.

Muestra primera imagen fue la de nuestro talismán, amuleto, fans  número uno y público de excepción, aunque es todo eso lo conocemos como el padre de Juan, que un año más había viajado desde Ceuta para ver todo el festival. Ese hombre me llenó de buen rollo y energía, porque si el hijo es apañado aún más lo es el padre. De casta le viene al galgo. 

Tantas ganas tenía de empezar que ni esperamos que nos abrieran, a voces desde las rejas del cole pedimos a los compis que estaban dentro, que nos abrieran,  pero no nos oían. ¡¡¡ Que mal proyectamos!! Así que llamaron por teléfono, dimos la vuelta y entramos por la puerta de los coches, la grande. 



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