viernes, 9 de noviembre de 2018

EL PUCHERO Y EL ESTOFADO, YA ESTAN LISTOS PARA GRANADA.


Aunque habrá que darles algún que otro retoque y los recalentaremos más de una vez. Ayer, martes 6 de noviembre del 2018, a las 20:10, dos de los diez platos que se servirán, Dios mediante, el próximo sábado 1 de diciembre del 2018, en el Hotel Urban Dreams de Granada quedaron cocinados, listos y acabados. Recién salidos del horno los congelamos, para conservarlos intactos y que no perdieran sus propiedades para la gran cena, pero como digo, en alguna que otra jornada habrá que sacarlos para probarlos y ver como van.

Esta vez nos reunimos; el puchero y el estofado, o sea, los platos de siempre. Ahora que lo pienso, con tanto cambio, acabo de caer en la cuenta,  somos los dos actores más antiguos del grupo. Esos dos platos antiguos éramos Raúl y yo.

Eso sí, después de haber probado, en el ultimo cocinado, las técnicas modernas aportadas por Rebeca, nos dio celos e intentamos hacer otra reinterpretación de nuestros dos platos tradicionales, ya que, trabajamos  para que  tuvieran, sin salirse de lo marcado, un toque nuevo, queríamos que sonarán más reales y así fuimos dándome otra visión.

Estuvimos trabajando una horita, más o menos, pero sin parar, a hierro. Además, como teníamos tiempo y no íbamos con prisas como casi siempre,  no cocinamos en la vitro, sino que lo hicimos con leña y a fuego lento.

Nuestros platos tienen un tiempo de cocinado de unos tres minutos, así que imaginaros, en  una hora y pico la cantidad de veces que los repetimos y la cantidad de  raciones que hicimos.

Ayer empecé a dar clases a las 10 de la mañana y acabé a las 17 horas, como la cocina estaba muy cerca de mi último colegio, propuse que la hora del cocinado fuera a las 17:30, pero un problema con unas llaves que le debía custodiar a un amigo me hizo: ir del cole a la casa, buscar las llaves, estresarme y llegar a la cocina a las 18:10 ( siempre con el permiso previo de Raúl y gracias a mi padre que me acercó en coche, sino aun estoy dando vueltas por ahí).

Llegué a la cocina a las 18:10 pero hasta las 19:00 no nos pusimos frente a los fogones, ese tiempo lo aprovechamos para ir limpiando y troceando los ingredientes ( esto es repasando el texto) Luego como  digo, trabajamos hasta las 20:15, pero salí de las cocinas sobre las 21:15, porque estuve un ratito de charla con Raúl, que de todo quiere el Señor.

El lugar en el que cocinamos y donde, durante el tiempo de espera, tuve el honor de reencontrarme con dos grandes chef, fue la ESAD de Málaga y esas grandes maestras eran: Blanca Nicolás ( mi profesora de técnica vocal y tutora de mi proyecto fin de carrera, la cual me dijo que había tres clases de personas: Los que ganaban mucho dinero y eran felices con su trabajo, los que ganaban poco y estaban insatisfechos de su trabajo y nosotros que no ganamos mucho pero que nuestro trabajo nos hace muy feliz. Cierto Blanca, somos afortunados. Gracias, ella siempre tan positiva)  e Inma ( mi profesora de taller de clásico, que me presentó como “ su Polilla”. Yo le comenté, que la obra que hicimos con ella: El desdén con el desdén, fue mi mejor experiencia en la ESAD y ella me confesó, que conoció el Tenorio de Estudio1 gracias a mi proyecto fin de carrera), también vi a Pacetti, mi profesor de canto, que  me comentó con alegría que me vio en La Peste.

Fue bonito volver allí casi cinco años después y ver la escuela, ahora, ya sin miedo y con seguridad. Ver como esos miedos ya han pasado, y esos cuatro años de esfuerzos, inseguridades y algunos profesores capadores, se superaron y como hoy cinco años después, con mayor o menor fortuna, sigo en este mundo. Me sentía orgulloso porque he tenido la fortuna de seguir en esto después de  salir de allí, cosa en el 2014 me dio mucho vértigo.

Comprobé también que las problemáticas, los comentarios y el comportamiento de los alumnos sigue intacto, los looks son los mismos, parece que no haya pasado el tiempo, pero eso sí vi nuevos perfiles físicos, algo que alegró mucho. En mi época  ellas eran delgadísimas y ellos fibrados, ahora hay más variedad y normalidad en los cuerpos.

Y en cuanto al trabajo con Raúl, un placer, como siempre, ganas de hacer, de crear, de aprender, de cambiar, de aportar, de recibir, de dar y eso para un actor siempre es un lujo. De hecho fui cansado y con ganas de acabar temprano, pero de pronto me vi  dando indicaciones y pidiendo repetir todo una y otra vez, o sea, con muchas ganas de perfeccionar y trabajar y con cero ganas de irme.

Trabajamos dos escenas; la 5 que repetimos mil veces hasta afianzar bien el texto, luego fuimos incorporando matices, repitiendo dichos matices otras mil veces, a continuación los apuntamos y acabamos afianzándola con otras tantas mil repeticiones. De la 2 hicimos poco, la pasamos unas tres veces y poco más, puesto que esa ya la trabajamos en casa, con Elena, para la función anterior.

Me fui muy contento, con un trabajo bien hecho y con buenos resultados. Ahora a esperar que no se nos olviden los matices.





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