martes, 4 de enero de 2022

ESTAS SON LAS LUCES DE " EL TRAJE DEL EMPERADOR".

 

Martes 4 de enero del 2022. El año lleva ya 4 días estrenado, para hasta este día no lo he estrenado yo sobre las tablas, bueno sobre el suelo mojado de la calle Granada, representando a las puertas del Palacio Solecio, el cuento infantil de El traje del emperador.

No era la primera vez que hacía ese cuento, ya lo hice hará 2 años, con el mismo texto, pero otro reparto totalmente distinto y con un montaje también muy diferente, así que aunque nada era nuevo, si te podía considerar que esta función era un estreno. El estreno de la versión 2022 de El nuevo traje del emperador.

Dos pases hemos hecho, uno a las 18:00 y otro a las 19:00. Uno lleno de luces y otro de sombras. En esta entrada os contaré las luces. 


Ambiente, público y lugar mágico:


"La verdad es que se me vino el mundo abajo cuando uno o dos minutos antes de actuar, debido a la lluvia, vimos por las ventanas del hotel que no había nadie en la calle, pero nadie es nadie. Una compañera y su sobrina.

Una vez que Melissa, la narradora, salió a la calle y comenzó la función, yo me coloqué en mi posición de salida junto a una pared,  ya no veía nada. 

La ilusión se transformó en: Sal, actúa y listo, no hay más.

Pero lo mismo que en cuestión de segundos la situación meteorológica pasó de un cielo azul y una temperatura primaveral, a una tarde fría y lluviosa de otoño. El público pasó de 2 personas a casi 3 filas repletas, por tanto, cuando salí y los vi fue un subidón total. 

Además, en las caras de todos se veían muchas ganas, mucha ilusión y me vine arriba. Sobre todo cuando el emperador se sentó en su trono y se oían risas y comentarios del tipo, "Mira el emperador", "Vaya pinta el emperador" etc. 

Por cierto, que el trono era un sillón bajito. Yo no sabía su altura así que más que sentarme me empotré en él, pero a la vez era tan cómodo con su espaldar semicircular que me instalé de tal manera que estaba retrepado. Eso venía muy bien para un emperador pasota, pero  a veces me iba tan para atrás se me abría la capa y se veía lo que no se debía ver, o sea, el traje invisible que llevaba debajo de esta. 

De pronto al ver tanto público,  la pasividad se transformó en energía. Creo que en demasiada energía pues tras mi primera aparición, volví a la recepción del hotel y noté que había estado como muy precipitado. El texto había ido muy corrido y a penas miré a los compañeros. Lo había hecho todo, pero con mucha rapidez. En la segunda parte debía disfrutar más, hacerlo más calmado y buscar más la diversión.

Y  la disfruté mucho más, la llené de gestos, de poses... Conseguí reconducir el personaje, sin darme cuenta se me estaba yendo al emperador egocéntrico y engolado, y conseguí volverlo al pijo y lo difruté mucho más. 

La cara de los niños, el cielo nublado, el aire de una tarde de lluvia, el azul precioso de la fachada del edificio de enfrente, las ganas de actuar. Todo se convirtió en mágico. Disfruté muchísimo, era mi Disney particular.

Al final del cuento he vivido un momento inolvidable, pues todos se han dejado llevar y esa calle se ha convertido en toda una ovación al emperador, que por supuesto él mismo había solicitado.

Es muy bonito cuando un personaje que no ha roto en ningún momento la cuarta pared, ni ha tenido contacto con el público, se empieza a relacionar con este y este se lo da todo. 

Es algo muy especial pues sientes que han estado ahí. 

El momento de salir con todos pendientes a mí,  ver la cara de esos niños mirando ilusionados, ese emperador que nada más salir, aún en el humbral de la puerta pide aplausos y todos empiezan a hacerlo. Luego con un gesto de manos pide más y suben más y pide más y suben más y llegan, como dije antes, a una ovación. Vivir eso no tiene precio. Se oía el jaleo que estábamos montando en toda la calle y molaba mucho. Es Navidad, se acercan los Reyes y hay que dar diversión y alegría. 

En ese momento final estoy solo y es idéntico al que hacía en La Consula, con lo cual ahí no había ni duda, ni inseguridad, ni nada. Ahí sabia muy bien controlar la situación y qué debía darle al público para que gustara. Lo di, y gustó.

En las frases previas al momento de mostrar el traje se creó un vinculo entre el emperador y un chico de unos 20 años. Este se mantuvo hasta el final de la pieza, improvisando gestos y comentarios entre los dos. La pieza estaba viva.

Y se acabó. Lo he disfrutado mucho, porque al final pude hacer el personaje pijo que deseaba, porque hubo mucho público, porque este lo pasó bien y porque no llovió.

Salió muy bien, pero lo vi un poco descolocado todo. Yo necesito tener las cosas muy marcadas, gestos, movimientos, desplazamientos,  etc. Una vez acabada la función,  compruebo si se ha cumplido lo marcado y así puedo evaluar. Esta vez era todo más improvisado, se decidía al momento. A groso modo todo estaba marcado, pero los pequeños detalles no y por eso me descolocaba."




1 comentario:

  1. La cara de los niños, el cielo nublado, el aire de una tarde de lluvia, el azul precioso de la fachada del edificio de enfrente, las ganas de actuar. Todo se convirtió en mágico. Disfruté muchísimo, era mi Disney particular. PRECIOSO

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