sábado, 29 de junio de 2019

PRIMERA NOCHE DE VERANO EN SAN MIGUEL CON CORAZÓN.


No quiero enrollarme mucho, por tanto, voy a intentar organizar la entrada, al máximo, para que no sea muy larga. Aunque reconozco que la primera Noche de verano en San Miguel, celebrada hoy , viernes 28 de junio del 2019, ha dado mucho de sí. Además si el primer pase ha empezado a las 21:00 y he salido del cementerio sobre la 1 tengo muchas horas por relatar.

En un principio hoy mi vena economista y de ciencia me estaba poseyendo,  porque quería estructurar y esquematizar la entrada hasta el último detalle. Es más iba a titularla :” Una introducción, dos pases, un intermedio y una conclusión” pero iba a ser todo muy frio y muy parecida a la entrada sobre el  previo así que me he dejado llevar por el corazón.

Y antes de las crónicas post- pases tengo que destacar muchas cosas de esta noche que me han tocado y que quiero recordarlas antes de que se me pasen.

Lo primero es la mano y la fuerza con que me agarraba y estrechaba la mía la señora Lola de Miguel Such nieta de mi personaje, que entre otras cosas nos ha contado que este era el padre de su madre y que ella se llama Lola como la mujer de él.

Os cuento, hemos tenido el placer de que en el pase de las 22:30 haya venido la nieta de Miguel Such y lo mismo que conté que el encuentro, durante un ensayo con el nieto,  fue un poco frio con Lola ha sido todo lo contrario,  cariño, dulzura, agradecimiento y emoción.

Como Edu es como es, a la hora del saludo final, me ha dejado para el ultimo y tras presentar a Lola, le ha pedido que ella viniera a sacarme a saludar. Esta me ha tendido la mano y al agárrasela no ha parado de apretármela. El público aplaudía, nosotros saludábamos sonrientes, pero con nuestras manos teníamos una conversación intima entre los dos, una complicidad y un agradecimiento mutuo que nadie supo, solo nosotros.

Después pude hablar con ella y estaba realmente orgullosa de su abuelo y de lo que había visto. Ella no llegó a conocerlo pues este se exilió debido a  la Guerra Civil, pero hoy ella repetía una y otra vez que sabía que yo no era él, pero que esa noche había tenido la oportunidad de conocerlo y me daba la enhorabuena. De hecho se despidió de mi, llamándome abuelo. Ya digo ha sido algo que tardaré en olvidar. Puedo decir orgulloso, que hoy, con mi actuación, al menos y nada más y nada menos, que he hecho feliz, de verdad, a una persona y en un principio me metí en esta profesión para eso, así que los felices hemos sido dos.

Lo siguiente que quiero destacar ha sido la espera para salir a actuar en el segundo pase.

Creo que a parte de los pasillos del cementerio, el espectáculo y el arte a flor de piel estaba en el interior de la capilla, donde Mario ha comenzado a improvisar una pieza con su violín y mientras, en la “ sala de duelo- camerino” Olga se ha puesto a bailar también de forma improvisada y de pronto ambos han conectado, han unido sus artes y se ha producido un momento de arte puro y de magia que me ha dejado con la boca abierta, pero no solo a mí a Miguel también.

Me entendéis ya cuando digo que el ser actor te lleva a sitios donde no todo el mundo puede…

Lo siguiente que quiero recordar es el momento de la salida.

Justamente cuando crucé el umbral de la puerta del cementerio, detrás de mi lo dejaba ya todo oscuro, pocos compañeros en los pasillos, las velas iban siendo apagadas, se oía el ruido de cerrar sillas y casi todas estaban amontonadas sobre una pared. Se notaba el vacío, la soledad,  toda la energía que se había creado ya no estaba ya se había perdido.

Al salir me despedí del guardia de seguridad y de un grupo de personas del público que había allí sentadas. Ellos me respondieron y yo me fui con mi mochililla roja, mis pantalones cortos, pensando que era tarde y quería cenar. En ese momento me acordé de mi amiga Sarita cuando fue al teatro y al acabar la función, veía a los actores salir con sus mochilas para casa y ella pensaba que le gustaría ser como ellos, pues al salir hoy del cementerio, yo sentí un poco como puede ser esa sensación, me sentí un poco ellos y un escalofrío me recorrió todo el cuerpo ( en positivo claro).

Y también quiero recordar, el buen rollo reinante que me transportó a las primeros años en el San Miguel donde todos éramos un todo, está vez lo he sentido y por eso he salido de allí deseando volver, la mini conversación sobre los antepasados de Marian tan interesante como siempre, los mini conciertos de Mario, las breves conversaciones con Miguel…, el saludo y el abrazo de mi Luisa, las charlas siempre pedagógicas con Juanjo, el amor a la danza de Miguel y Olga, el calor aplastante en la “ sala duelo- camerino” … etc.

Y ahora sí os prometo que serán breves las crónicas post- pases.




1.- DESCONTROL.


"Pase listo,  ha ido bien. Tenía tantas ganas de salir, que salí antes de que Melissa acabara de presentarme y tuve que demorarme un poco antes de empezar y eso ya me enfrió un gradito. 

Luego me ha pasado como en el ensayo general, iba todo perfecto, fluido, natural, pero de pronto he vuelto a auto dirigirme, a oírme a ver si lo decía todo, si lo decía bien y eso me hizo desconectar del personaje, de la situación y me puse nervioso, deseaba acabar ¡¡ ya!!.

Esos nervios me hicieron sentirme inseguro y la inseguridad me llevó a dudar de la dicción y aunque el personaje iba hacía delante y todo ok, yo por dentro estaba de tal forma que no sabía como iba a acabar. Además  Miguel dependía de mí para una entrada ( que por lo visto lo hice genial) y Olga y él para una salida ( que la hice fatal) y eso me preocupaba, porque se decidió ese dia.

Creo que ha estado correcto pero , lo esencial que es disfrutarlo, no lo he hecho, ha sido una lucha constante contra el texto. Él era como una marea y yo como una cascara de nuez. También es cierto que me gusta improvisar con el publico, pero este personaje no me lo daba, me sentía soso ahí solo y la única interactuación fue regulera y rápida.

En resumen no lo viví y la para el siguiente me dije:” Si no vas a disfrutarlo ¿Qué haces aquí?.”



2.- CONTROL.

“Es un poco perro lo que voy a contar  ahora, pero es que es lo que siento siempre que actúo. Tengo mucho miedo a equivocarme,  pero cuando un compañero se equivoca antes que yo, me da más seguridad.  Era como cuando en el cole hacían los juegos de pelota (siempre fui muy torpe para eso) no me importaba ser eliminado el segundo, pero luchaba por no ser el primero, pues con el teatro me pasa igual y como la compañera que me presentaba se trabó un poco al decir mi nombre, yo ya no sería  el primero que fallaría . Esta vez, además, ajusté mejor el tiempo y fue salir de la “sala duelo- camerino” e ir directo a la zona actuación. Todo esto me dio seguridad.


Me dio tanta seguridad, que llegué y no hablé, sino que me quedé quieto, observé y disfruté el momento. Mi primera frase es: “Me sorprende ver a tantas personas reunidas” y esta vez en vez de  llegar y hablar, me quedé observando al público y luego empecé a hablar, con ello intenté dar realismo a la frase y sobre todo asenté las bases de que estaba solo en la zona de actuación,  que era yo el que iba a actuar, que era yo el que mandaba y el que llevaba la riendas de todo, o sea, el que controlaba lo que el publico iba a ver.

Y esta vez lo conseguí, mandé yo, fui el amo y señor de lo que ocurría, el texto se amoldó y se adaptó a mis deseos, yo lo disfrutaba, lo llevaba y lo dirigía. No me faltó una frase por decir, es que  mientras descansaba,  me di  cuenta de  que en el primero me había dejado casi tres frases en el tintero, pero esta vez no. Es más metí morcillas, miraba más al público a los ojos, aunque con las gafas que llevaba solo viera una maraña de colores sin forma, pero lo intenté. Hacía mucho tiempo que no interpretaba un monologo donde no actuaba, sino que hablaba directo al público, con un texto encorsetado (en el botánico es distinto el texto es nuestro) y me gustó mucho hacerlo. 

Además el público era muy respetuoso, el silencio era total, respetaban mucho lo que estaban viendo y eso gusta. Es más cuando llegó la parte más dramática hice silencios y era impresionante oírlo, es decir, no oír nada, y saber que eres tú el que controlas ese momento de silencio, que tienes a la gente expectante para que hables, ese momento fue muy bonito, además creo que la emoción llegó de verdad y fue más real y supe transmitirla.

Era tanto como controlaba, que había una mujer en primera fila, haciendo fotos, y cada vez que  pasaba por su lado intentaba hacerme una y como yo era el que mandaba y en  un gesto divo o como me decía un profesor, de cómico viejo, me paré delante de ella para decir algo y que me hiciera bien todas las fotos que quisiera. A la hora de coger los útiles de atrezo o interactuar con el público lo hice despacito sin prisa y con el tiempo necesario para que fuera lo más real posible.


Pues nada que fue una sensación maravillosa, la de tener el control y dar lo que quieres y que sea aceptado a la perfección, además pude pasar por muchos estados de ánimos con cierta facilidad. Creo que gustó, de hecho al irme se oyeron aplausos y varios “bravos” sé que uno no cuenta, porque fue de mi Luisa y ella es amiga, pero se oyeron como tres o cuatro y eso me puso contento.

Luego veré el video y nada tendrá que ver con lo que cuento aquí o lo que sentí en ese momento, pero la sensación primera fue la que os digo. Además creo que la dicción fue perfecta pero eso sí al final me trabé. ¡¡¡ Jo!!.




  



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