lunes, 2 de diciembre de 2019

LE LLOVIÓ METROS A LA LAGARTIJA SIMÓN.


Siempre digo que las cosas hay que escribirlas cuando suceden, porque si esperas mucho tiempo la idea principal o el sentimiento se pierde, pero es que en estos últimos 15 días he hecho tantas cosas, he vivido tanto, con tanta gente diferente, con tantos estilos de trabajo y todo tan seguido, que me ha sido casi materialmente imposible escribir en el blog, ni siquiera a sucio, pero además era tal el cúmulo de ideas, de cosas pendientes, de textos, de todo, que mi cabeza no daba para más y ahora que estoy más libre y lo veo todo desde otra perspectiva, quiero relataros lo vivido esos días.

Voy a empezar donde lo dejé, en el  miércoles 13 de noviembre del 2019, que fue el día del doblete, pues si a las 13:10 concluía un ensayo, casi 7 horas después, empezaba otro, eso sí en medio había estado almorzando y dando clases.

Este ensayo fue para Lluvia fina, en un principio y por imposibilidad laboral de un compi, no estaba programado, pero al final se celebró, al ser todo tan improvisado no teníamos donde llevarlo a cabo y lo hicimos en la casa de dos compañeros.

Quedamos una vez acabadas las obligaciones laborales de todos, esto es, sobre las 19:30. Yo salí de mis clases y caminando despacito me dispuse a ir a nuestra cita, celebrada por la barriada de La Roca.

Como dije, ensayamos en la casa de dos compañeros y dicha casa fue el eje principal de dicho ensayo, bueno solo para mí, al resto de compañeros les daba igual pero no a mí.

Tan importante fue esa casa, que hasta el personaje de Simón que lo tengo trabajado y lo ando representando desde el año 2014, lo trabajé desde un enfoque nuevo, el de la animalización.

Esta es una técnica a través de la cual, trasladas las características de un animal a un personaje, pues bien yo  usé, esa tarde, para llegar al personaje de Simón, la lagartija, ya que me pasé la  hora, casi, de ensayo que echamos, pegado a la pared, pero literal. Dos compañeros ensayaban, otro estaba sentado y  yo pegado a la pared y agarrado al pomo de la puerta, y todo debido al eje del ensayo, es decir, a la casa.

La casa no es que fuera un palacio cargada de lujos y obras de artes donde se me iban los ojos, tampoco un cuchitril donde no me atrevía a tocar nada, al contrario la casa era súper acojedora y me trataron como un rey, la culpa de todo la tenía el arquitecto de la misma.

Veréis me pasó como en la canción de Chambao y esto es real, me equivoqué, de calle, me equivoqué sitio, me equivoqué de número de bloque, me equivoqué de piso, y al igual que la protagonista de la canción, pegué al portero, me abrieron y ahora viene lo bueno, no era un piso excesivamente alto, pero salgo del ascensor y la planta estaba construida como los antiguos corralones, un enorme patio en el centro de la planta y todas las casas alrededor, con lo cual salgo del ascensor y me como todo el precipicio, pego a la puerta de la casa, me abren, me dicen que allí no es y me cierran y allí me quedo solo, al lado del boquete, el ascensor que no venía y sin ver escaleras para bajar y como odio las alturas, me agobié un poco, más bien mucho y claro cuando ya llegué a la dirección correcta ya iba un poco nervioso de la altura y de nuevo la misma operación, salir del ascensor y el boquete. Por tanto, entré en la casa y no me quise ni mover.

Cuando llegué, Fernando y Sofía ya estaban ensayando, y yo  junto a Pepa que se portó genial, esperamos. Al acabar estos, empezamos un repaso de la pieza entera.
Por sugerencia mía y para no estar ahí mucho rato, se hicieron solo las escenas donde sale la chica nueva. Hicimos la primera, y yo intentando en todo momento buscar la pared, lo hice rápido y casi para marcar, después vino otra donde no salgo, la siguiente fue la otra mía donde ya me sentí más tranquilo, es más al acabar incluso le di consejos, indicaciones y repetí algunas frases para que la pobre actriz pudiera asentar cositas, y de nuevo a esperar, pues se inició la última escena, donde la principio no salgo pero si al final, se hizo y creo que Fernando pensó repetir algo más, pero Sofía, pidió no hacerlo por mí, cosa que le agradecí de corazón, Pepa asintió y así se hizo. Ya estaba más tranquilo así que empecé incluso a hablar y socializar.

Acabado el ensayo, todos los componentes de la pieza nos fuimos, pues los dueños de la casa tenían que salir y empezaron los dos momentos más bonitos de la tarde y que quiero recordar. Pepa salió a pasear a su perro y yo la acompañé, qué graciosa, pero a la vez qué maternal es esta mujer y que objetiva y clara con nuestra profesión. Cada conversación con ella me llena de energía y de conocimiento.

Cómo eran las 20:45 y no quería ser pesado dejé a Pepa y como tampoco quería irme a casa, me fui a dar un paseo ralajante, tranquilo y cotilla por el Continente Rosaleda donde la sesión de quesos y Navidad me causaron sensación, de hecho de Navidad compré algo.

Pues nada tras superar la altura, ensayar y hacer todo lo programado para ese día me iba satisfecho a casa.



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