sábado, 29 de agosto de 2020

JORNADAS CAMPILLERAS: TRES ENSAYOS EN RAYA, BUENO TRES O MUCHOS MÁS.


El viernes 7 de agosto del 2020, si comparamos con el día anterior, la llegada a Campillos fue totalmente distinta. Por motivos personales, mi cabeza estaba en otra parte. Mi cuerpo se fue a Campillos, pero mi cabeza se quedó en Málaga.

Como las tres mini piezas que componían el estreno de ese día, Tres en raya, estaban más que ensayadas y muy bien asentadas, la quedada fue más tarde que la del jueves. Esta vez nos citamos a las 19:00.

Aparcamos en la entrada principal del cole, no en el lateral, pero esta vez estaba cerrado. Cargado con las bolsas donde guardábamos todo el vestuario, esperamos en la puerta, ya que no podíamos entrar y no sabíamos ni cuando, ni quién nos abriría.

Eso me recordó a los momentos de espera en medio de ninguna parte que ocurre cuando viajas y que os comenté en entradas anteriores que me gustan tan poco, por tanto, la tarde no empezaba bien, y encima yo que tenía mi cabeza en otra parte.

Llamamos a Manu para ver dónde estaba y quién nos podría abrir, este nos informó que ya estaba dentro del cole y que en unos segundos nos abriría y así fue. La verdad que la espera fue muy breve, vamos casi inexistente, pero yo como tenía el día muy chungo...

Entramos al cole, María, Álvaro y yo. Como también dije anteriormente, ese día el director no estaba con nosotros, pues tenía actuación en otro lugar. Mientras caminaba para el escenario, sentí su vacío, no sé, fue una extraña sensación. Actuar, ensayar y preparar todo sin el control de un director o un "jefe, nunca lo había vivido. Por un lado, estaba la libertad, que mola y por otra el peligro de caer en el libertinaje y sobre todo la falta de protección. Si pasaba algo ¿Quién nos cubría? Eso fue lo que más noté. Los actores y actrices somos muy sensibles y necesitamos siempre esa protección o respaldo. Al menos yo.

Es cierto que, a lo largo del previo, noté en contadas o más bien en bastantes ocasiones que uno de los compis ocupaba el lugar del director, del "jefe" o del papá, pues era como el responsable y quien guiaba nuestros pasos, controlaba lo que hacíamos o nos programaba las actividades. Teníamos esa figura, aunque creo que no fue necesaria puesto que fuimos muy responsables o más bien excesivamente responsables.

Lo primero que hice nada más llegar, fue irme al comedor del cole a coger una silla y como el día anterior, a la espalda del escenario, busqué mi espacio y preparé mi vestuario y mi atrezo y de allí directamente, cuando ya llegó Juan, que fue el último en hacerlo, nos fuimos todos directos y como corderitos al comedor a ensayar.

El resto de la tarde fue eso, un constante ensayo de casi 3 horas. Cambiamos de intenciones, de fines, de objetivos, de lugar, de lo que fuera, pero la esencia de todas nuestras actividades siempre era la misma, la de ensayar.

Yo me quedo con el último, que fue el que hicimos casi a las 21:00 h. Justo una hora antes del estreno.

La noche ya estaba cayendo y se realizó sobre el escenario, con los micros, el atrezo completo, la escenografía completa, la música y parte del vestuario. Hicimos un ensayo de toda la pieza, incluyendo, montajes, desmontajes y presentaciones. Creo que no se hizo el segundo entremés.

La sensación fue preciosa, no sé ese atardecer, en ese pueblo, sobre ese escenario. He visto tantas veces en tv o en Internet a mis artistas favoritos en chándal o con ropa informal, ensayando antes de una actuación, con el escenario a medio gas, con el patio de butacas vacío, con la luz del sol, donde se ve que todo es mentira, pero que por la noche se convertirá en magia y fantasía, dándolo todo en los ensayos, pero a la vez jugando y divirtiéndose con los compañeros y está vez yo era uno de ellos. 

La verdad que era un honor estar allí y me sentía muy, pero que muy, afortunado por ello. Creo que fue el único momento de la tarde donde desconecté, de todo, dejé mi preocupación personal y disfruté del momento. Hice muchas fotos pues no quería olvidarme de nada, quería retener ese instante.

Y retuve muchos momentos, como: Lo que disfruté haciendo el profesor en el entremés  La autoescuela, como le saqué mil matices al personaje, lo disfruté un montón, creé movimientos nuevos, me sentía suelto y dentro del personaje, lástima que luego en la actuación se perdiera todo (leed la entrada siguiente), recuerdo también, que Juan me pidió que le apuntará en su guion cuales eran sus funciones durante los montajes y desmontajes y como nos reíamos apuntando, y como cuando le tocaba hacerlo, pese a tenerlo apuntado, me volvía a preguntar para "molestar" y más nos reíamos o como en pleno ensayo, vi desde el escenario a mi amigo Jorge, que venía a vernos, salir de su coche y saludarlo desde allí, como improvisó Juan en su relación con mi personaje en el ensayo de El bulto negro, de hecho creamos situaciones muy chulas que le pedí que las mantuviera durante la función pues podríamos crear algo muy divertido, o la cara de orgullo y emoción del padre de Juan mientras veía el ensayo.

Ese ensayo acabó con el tiempo justo para vestirnos, maquillarme, esta vez sí lo hice, y esperar. Ese tiempo de espera fue el que debía haber aprovechado para programar y fijar bien los cambios del personaje del maestro y que no hice, entre otras cosas porque en el ensayo había ido muy bien.


Previo a ese ensayo en el escenario hicimos dos más en el comedor.

El primero fue solo de montaje y desmontaje. El día anterior el director nos lo había marcado y había quedado muy claro. Pero esa tarde cuando lo hicimos para que la técnica de sonido, una persona maravillosa, lo conociera y supiera qué hacer en cada momento, fue un caos enorme pues nada más empezar nadie se acordaba qué movía, cuándo y cómo, ni en qué momento se hacían los cambios, las presentaciones etc.

Ahí fui yo el que puse un poco de control planificando el orden, juré que lo recordaba perfectamente del día anterior, nunca lo tuve seguro al cien por cien, pero lo dije tan serio que di el pego y convencí a los compañeros. 

Pese al buen rollo, a la diversión y el buen ambiente de trabajo reinante, yo por cosas personales como dije antes, no estaba del todo integrado y tenía un nudito en el estómago.

Después de repetir los montajes varias veces, se hizo un ensayo-repaso integro de la pieza completa, sin el segundo entremés, y antes de irnos al ensayo sobre el escenario, volvimos a repetir dos veces el entremés, El bulto negro, que no quedó muy lucido, la verdad.

Tras eso cargamos, unos más que otros, la escenografía hasta el escenario y comenzamos ese magnífico ensayo que dije antes.

Momentos antes de actuar, recuerdo a mis compis repasando y repitiendo los textos y recordando las intervenciones una y otra vez, en cambio yo estaba realmente tranquilo, controlaba todo y estaba muy bien, es más mientras esperábamos para salir a actuar yo estaba de bromas y riendo. Tanta seguridad la pagué después. (El por qué en la siguiente entrada).

 


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