lunes, 31 de agosto de 2020

JORNADAS CAMPILLERAS: UN VIAJE DE VUELTA Y OTRO DE IDA, AMBOS BIEN DISTINTOS.


Y el viernes 7 de agosto de 2020 nos volvíamos a reunir Álvaro y yo, en el mismo lugar de siempre, para irnos junto a María, en el coche de esta, a Campillos para el segundo día de actuación, pero esta vez no quedamos a las 17:00, sino a las 18:00, ya que la pieza que íbamos a estrenar necesitaba menos ensayos. 

En vez de comparar el viaje del viernes con el del jueves, como suelo hacer o sería lo normal, quiero comparar el viaje de ida a Campillos del viernes con la vuelta del jueves. Pues dicha vuelta fue impresionante y quiero destacar cómo pueden cambiar las cosas en poco tiempo, por ello os recomiendo aprovechad los momentos, cosa que yo no hago.

Tras el éxito de público y de lo bien que salió la pieza C´est la vie, algo totalmente inesperado, estábamos los compañeros con la adrenalina, el nivel de felicidad y la excitación a tope.

 Álvaro y yo nos volvimos a Málaga en el coche de Juan.

En ese coche íbamos tres colegas, bueno más bien tres amigos. Nos conocemos desde hace mucho tiempo, es verdad que son dos personas con las que no tengo un contacto diario, ni con las que quedo frecuentemente para salir o tomar un café, pero los 3 hemos trabajado muchas veces juntos y a los 2 los quiero un montón y los considero amigos. Juan me genera siempre muy buen rollo. Entre él y yo hay un feeling especial, juntos generamos confianza, intimidad, unión, compresión, risas, tonterías y cuando estoy con Álvaro es como un miembro de la familia.

Así que, entre que me encanta viajar de noche, pero desde que era pequeño, que el trayecto lo hacía  con dos amigos, que los tres íbamos con la adrenalina a tope por el estreno y que fuimos todo el viaje cantando, bailando y oyendo canciones de Raphael, Bisbal o Chenoa de las toda la vida que te retrotraen a ferias o verbenas, pues estábamos en la gloria, y para más inri  nos íbamos contando cotilleos, intimidades, secretos, bromas. Vamos el interior de ese coche rezumaba felicidad en mayúsculas y creo que puedo denominarla como la primera y única noche de fiesta y juerga del verano del 2020.

En cambio, cuando llegué a Málaga, por cosas personales que no voy a contar porque este blog es totalmente profesional y nada personal, esa felicidad se cortó de raíz.

Gracias a Dios que todo fue una falsa alarma y de quedó en un susto, pero un susto que me acompañó a lo largo de la madrugada, de la mañana, del día, de la tarde, de la noche y por supuesto del viaje.

Fue un viaje muy ameno y profesional. Aunque íbamos tres en el coche, las conversaciones, de esos casi 45 minutos que dura el trayecto entre Málaga y Campillos, la monopolizamos Álvaro y yo, pues fuimos hablando de lo difícil que es esta profesión, de las ganas de hacer audiovisual y de los compañeros que han tenido o hemos tenido la oportunidad de tocar más profesionalmente dicho campo.

Y así entre charlas, deseos, cotilleos y una parada en una gasolinera, llegamos a Campillos.

Fui casi todo el camino hablando, eso me evitó pensar, pero el nudito en el estómago, el nervio, la tensión y preocupación fue mi fiel compañero de asiento en dicho viaje.

 

 

 

 

 

 


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