jueves, 22 de julio de 2021

DOBLETE I PARTE: UN PREVIO ANTIGUO PERO NUEVO.


El jueves 8 de julio del 2021, se celebró una vez más, a las 20:00h, Un paseo por la Málaga industrial: Huelin y sus personajes, pero una hora después, a las 21:00h, se reestrenaba en el verano del 2021,  El origen en el Jardín Botánico de Málaga y yo participaba en los dos montajes.

Era un día especial, pues iba a hacer doblete.  No era cuestión de broma, si algo fallaba podía liarse y bien. En Huelin no tenía claro dónde actuar y al jardín podía llegar tarde y dejar una función colgada, pero no era muy consciente de ello, me podía más la emoción, el morbillo de estar en dos sitios a la vez, de cambiarme de ropa en el coche, de pasar de un personaje a otro en una hora, de sentirme vivo como actor etc. Así que de cara a la galeria estaba como preocupado, pero por dentro estaba feliz y con ganas.

A las 18:30 h, estaba tranquilamente en casa viendo tv con mi madre, y  de nuevo con tiempo más que suficiente, empecé a preparar todo. 

Al ir sobrado de tiempo y ser actividades ya muy repetidas, todo fue fluyendo con facilidad. Me maquillé en pocos minutos, ya le tenía pillado el truco, además esta vez no me oscurecí la barba en negro, puesto que después, para hacer de Rafael Echevarría debía disimularla, así que, solo me eché la base. Igualmente pude repasar el texto con tranquilidad.

Pero cuando iba a vestirme, al ir en coche me iba a vestir íntegramente en casa, surgieron cosas externas, que perturbaron mi paz, tuve que detener el proceso y me acabé vistiendo de prisa, pero como estaba todo ya controlado, no fue problema. 

Sin prisas, pero sobre todo sin pausa a las  19:30 h, nos montamos en el coche, mi madre, mi padre y yo. 

Para poder hacer el doblete alguien debía trasladarme de un sitio a otro en coche y ¿Quién iba a hacerlo por mí? Pues mis padres. ¡¡¡ Gracias no solo por esto sino por todo lo que hacen cada día.!!!

Lo que vais a leer ahora, os parecerá algo muy extraño en mí, pero salimos con tiempo más que suficiente, quería ir relajado, y cubrirme las espaldas ,por si algo fallaba, nos perdíamos, había tráfico etc. Ya correría riesgo en el traslado al botánico que si sería a contrarreloj.

Pero al final exageramos tanto, que estábamos en el paseo marítimo, casi 15 minutos antes del inicio de la función, por tanto, aprovechamos para pasear un rato, en coche claro, porque la temperatura no estaba ni para hacerlo andando ni para esperar dentro del coche.

Mientras estábamos de paseo, Eduardo Nieto, me telefoneó, al final no actuaría en mitad del paseo marítimo, a la altura del monumento del copo, sino frente a la playa, en una especie de plaza, que hay a la entrada de una urbanización. Me pareció una genial idea.

Pero claro eso acarreó los constantes líos de, "¿ Paro aquí o allí?", " Me has dicho aquí", "¿Sigo para allá?", " Mejor paro aquí", " Es que me has dicho que...", etc., todo eso hizo que no disfrutara del paseo, ni del momento que estaba viviendo. Yo y mi vehemencia me impidieron disfrutar ese momento.

Finalmente llegamos al lugar de actuación, la hora se acercaba y no había donde aparcar, así que mis padres me dejaron en dicha plaza y se fueron a buscar un lugar. Me quedé allí solo, rodeado de gente y  empecé a ensayar, quería adaptar mis movimientos a la nueva localización.

Y en ese momento aparecieron mis padres, en el coche, y aparcaron justo frente mía. Al acabar podría salir corriendo e iban a verme actuar. ¡¡¡ Todo perfecto!!!.

A partir de ese momento, me dediqué a ensayar, por cierto, había un señor con sus hijos sentado en la escalera donde yo estaba, que no me quitaban ojo y se les notaba en sus caras la idea de: "¿ Qué hace el tonto este en nuestra urbanización?" . Es cierto, que la sensación no era muy agradable, me llegó a provocar incluso vergüenza pero seguí a lo mío.

Al rato llegó la coordinadora y entre los dos decidimos como sería la actuación. Empezaría en una pequeña balconada mirando al mar. El público se coloraría en la acera, frente a mí y una vez que estuvieran allí, yo bajaría por unas escaleras hasta llegar a la acera. Tendría total libertad de movimiento.

Cuando ella se fue, volví a repasar el texto unas dos veces más y sobre todo lo llené de movimientos, realizando una nueva partitura, adaptada al lugar, al balconcillo, a la escalera, a la altura y totalmente distinta a la habitual.




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