jueves, 30 de julio de 2020

DON RAFAEL ECHEVARRIA Y PUNTO.



Y no hay nada más que decir, solo él, su nombre, su apellido y punto. Siempre dije, digo y diré que no soy muy amigo del campo, pero una vez más tengo que afirmar que el Jardín Botánico es un lugar mágico, donde todo es distinto, placentero y especial.

Ayer viernes 24 de julio de 2020, justo antes de empezar la primera de las visitas teatralizadas al Jardín Botánico de Málaga del 2020, bajé a la sala de los administrativos a dejar toda mi ropa. La visita ya había comenzado, en dicha sala me encontré con Samu, uno de los administrativos y presentador. Este ya había terminado su presentación y estaba cambiándose. Yo aún no había empezado y me dijo orgulloso y satisfecho: “Listo, ya hemos empezado la novena temporada”, me gustó porque lo noté feliz por ello.  De ellas yo he participado incluyendo esta, en 5 ediciones.

Allí he hecho de casi todo, duende, viejo mago, Jorge Loring en dos versiones distintas y con todos me los he pasado genial, pero sin lugar a dudas, el jardín llega a un nivel de magia extraordinario y se genera una energía especial cuando me meto en la piel del vasco Rafael Echevarría y ayer pasó.

Ayer, de nuevo, fue un parón en mi vida, un parón de ser Lolo, para ser otra persona, otro ser. No había ensayado nada, ni apenas lo había organizado. 
Este año hacía un recorrido más largo y lo había previsto o pensado en mi mente pero muy mínimamente. Confiaba en que me iba a ir bien, en que me iba a salir bien. 

La gracia de este personaje es que parte de un recorrido establecido, de un material de información que debe de dar, pero que su esencia es dejarlo vivir, que viva y fluya sólo, asi que si me ponía a organizarlo, ensayarlo y prepararlo todo al dedillo me saldría muy falso y perdería su esencia y lo dejé fluir.

No todas las veces que me he metido en su piel, he dejado de ser yo para ser él, algunas veces he sido yo, actor, haciendo de él, personaje, pero ayer fue uno de esos días especiales, donde pasé de cero, de ser Lolo, al 100, a ser él y todo sin calentar y después de casi 3 años sin meterme en su piel. 

Fue oír al público, poner la postura de don Rafael, abrir la boca, desaparecer yo y dejarlo a él vivir. De nuevo vivió, de nuevo se apoderó del jardín, de mí, de la noche, de las 30 personas que iban en el grupo, se apoderó de todo. Fue sensacional. Había una mujer con su hija, que cada vez que Rafael soltaba una de las suyas reía a carcajada y lo comentaba. 

Si tengo que destacar algo, aunque suene muy raro, fue el trayecto de vuelta a casa. Me vine caminando desde el jardín, casi una hora. Iba con mi mascarilla, oyendo música, Lola Flores y Ana Mena entre otros, notaba el calor de una noche de verano en mi piel, algo que este año con toda la situación sanitaria, esta siendo imposible. En ese momento fui consciente de lo que había pasado en el jardín, o sea, que de nuevo vi que ese personaje me había poseído y yo le había cedido mi ser. De nuevo la interpretación en mayúsculas y la fantasía habían cobrado vida. 

En un chasquido de dedos, mi mente, mis sentimientos, mi forma de pensar, se habían trasladado a ese verano de 2016, donde no había problemas, donde todo era pasarlo bien, me trasladé al estreno de ese personaje, a ese regalo que la vida y Rebeca me dio y sentirme así fue un respiro enorme.

Lo único bueno, pero lo único, único, que ha tenido todo esto que estamos viviendo ha sido el tener que hacer las visitas teatralizadas de este año de esta forma tan especial y que con ello haya vuelto Rafael Echevarría, porque me ha hecho vivir una noche muy feliz.

De vuelta a casa, estaba pensando que iba a escribir sobre la función que acababa de realizar y no sabía cómo explicarlo, pues no sabía expresar en palabras lo que había vivido y como me sentía.


Es más sé que no voy a conseguir que esta entrada sea tan viva, tan divertida, tan mágica, tan alegre, tan exitante, tan festiva como fue esa noche. No voy a conseguir con mis palabras transmitiros todo aquello que tuve el placer de sentir. 

No me puedo, ni me quiero quedar con nada concreto, sino con el todo, con el pase completo.

Hacía mucho tiempo, que no sentía, ni vivía tan buen rollo entre un grupo de personas y pienso que en tiempos como estos, hacer a tanta gente feliz es algo muy grande.

El inicio debido al tema de distancia, seguridad y a que salía desde un lugar nuevo y mi entradilla tampoco era la de siempre, fue un poco frío, muy poco, pero lo fue, pues en menos de un minuto ya estaba en marcha.

Mi participación debía durar unos 25 minutos, yo no sé lo que duró puesto que no llevaba el control del tiempo de ninguna forma, pero nada más que por la distancia que recorrimos, creo que hicimos más, pero cuando estaba en la mitad del recorrido pensé: “Ya estamos aquí, pero si no habrán pasado ni 3 minutos”. Estaba encantado. 

Estaba tan encantado que no he parado de hablar, es más, a la bajada del mirador me quedé un rato callado, pues pensé que les iba a estallar la cabeza a los pobres.  Además, los dejé contemplar el jardín, es más, en el mirador les dejé un rato para disfrutar de las vistas y se hicieran fotos. He hablado casi personalmente con cada uno del publico y siempre que hablaba estaban pendiente a mí.  

El publico ha sido muy respetuoso con la distancia y la seguridad, cosa que le agradezco. Todo ha sido muy bonito y le doy gracias a la vida y a Dios por haberme dado la oportunidad de vivir esa noche. Noche que mi compañera Celia al acabar, también definió como fantástica.

 







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