sábado, 30 de junio de 2018

VOLANDO HACIA EL BOTÁNICO.


Desde que llegué a casa, sobre las 15:00 estuve tumbado todo el día, esperando la hora para irme al Botánico, quería descansar el pie hasta la hora de marcharme.
 
A lo largo de la tarde me duché, me arreglé la barba y con todo preparado me volví a tumbar hasta la hora de irnos.

Eran las 19:10 cuando mi padre dijo que iría a sacar el coche, el jueves pude irme con un compañero, pero preferí con mi padre, porque así me evitaba ir caminando hasta casa de mi compañero, con el porta traje y la mochila, ya que, el pie podría dolerme.

Me fui muy rápido porque entendí que mi padre sacaría el coche, pero no que había que irse ya, por tanto, cuando me di cuenta corrí para cogerlo todo e irme.

Mi madre estaba descansando y con mi sobrina, por tanto, este verano lo iniciamos solamente, mi padre y yo.

El traslado lo hicimos en el coche y por tierra, no fuimos volando, como dice  el titulo,  porque no íbamos en avión, ni con prisas, pero si fuimos recordando cuando mi padre iba de cacería de pájaros con su padre y el padre de su amigo Martín. Fue un viaje corto, pero muy ameno porque fuimos recordando cosas muy bonitas de su niñez.

 Pero algo me hacía estar un poco sosón y no tan ilusionado como otras veces, la fuerza del verano aun no me había llegado.



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